Adiós a Tu Recuerdo
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| Jardín Japonés Buenos Aires - Argentina 2018 |
I
Como la radiante luz de plata mina fue tu amor ante mis ojos;
fue como el oro en mi riqueza, lleno mi hogar de mil tesoros.
Tú, por quien mi vida prometí arriesgar,
a quien juré atravesar el flamante infierno,
a quien mis luces de doradas horas vividas
otorgué razón, creí en ciego.
¡Memorias inverecundas de sombría natura!
Entre penas miles manchan mi firmamento;
no son más que mi locura,
insaciables por mi tormento.
Palpita en desgracia, pues de mística hermosura
mi querer fue lleno,
entregué por cuanto cada minuto que tuve
y obtuve a cambio tu desprecio.
Criatura infame que mis miradas robaste, cometido error,
mi corazón llevaste y mi amor hurtaste, causaste mi dolor;
no por cuanto te bastó, sino que tu desvergüenza
Mis fantasías destruyó.
Me hiere como lanza, me induce al descontrol.
II
¡Ay de mí! Como espadas son tus recuerdos
que cobran vidas en las innumerables batallas de mi pensar.
Incontables los cristales de dolor que me has hecho derramar.
No de vivir entre sueños mi alma se disipa
sino de tu mísera y efímera realidad, ¡mentir!
Fue lo que sin misericordia hiciste y en mi conciencia dicta
lo que mi copa de vino tinto desangrará por ti.
¡Ah! Tan miserable fuiste como para jugar con mi corazón
para manchar de falsas palabras la más pura ilusión,
soy yo ahora entre los vestigios de un triste amor
que entre hojas que en un otoño de desidia se pierden
dan paso al más crudo invierno de nieves perennes.
Y fue por ti, que las entradas de mi alma
entre un mar de lamentos se hundieron;
y fue por ti, que mi más inocente esperanza
se trasformó en un sórdido recuerdo.
Las estrellas muertas caen vertiginosamente desde el cielo,
se precipitan hacia el abismo del destierro,
perdiéndose por ti, ellas se encuentran;
pues entre un país de sombras negras, en una ilusión tortuosa,
sin más lamentos que los de tu engaño,
viviré mi vida entre la amargura que has causado,
entre la niebla espesa y el desconcierto.
III
¡Porvenir! Incierto, tú futuro eres;
no sé lo que el albor del destino depara;
sobre una base que a pedazos se cae
una columna de corazas se levanta.
Ya como azufre saboreados sueños
en mi vida huelen, los quiero muertos;
para mis ojos la luz tú fuiste;
de los más grandes tesoros fue el amor que yo te tuve;
Ahora en mi boca, ácido a tu destierro;
cándida estrella de mis nacientes días,
sólo fuiste un espejo que del sol reflejó el brillo que lo cubre.
Ahora, viajando como nómada, caminador del viento,
al crepúsculo de mi amor, clamo,
le digo adiós,
pues quizás un amor real encuentre,
Que mis ojos llene,
a la luna cante
y en mis campos de esperanza no siembre falsos sueños.
Ya sin pretensiones lacrimosas, perdida para mí,
en mi mente es tu discordia;
digo adiós, quizás tú la paz encuentres,
¡Adiós!, adiós por siempre a tu embriagador recuerdo.
Autor: Arturo J. Bilbao
Poemario: Adiós a Tu Recuerdo
Año: 2009

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