Nadie Me Hubiese Creído
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| Parque Micaela Bastidas - Puerto Madero Ciudad Autónoma de Buenos Aires Año 2018 |
Realmente no sé por qué cuento esta historia; no quería hacerlo ya que me ataba al concepto de qué dirán y no me atrevía a dar vida a este relato. No espero conscientemente que alguien lo lea o que por pura curiosidad se detenga estudiarlo. Sólo escribo porque las palabras brotan solas y no puedo evitarlo:
Todo comenzó una seca noche cuando a eso de las once ya me quedaba dormido; comento la hora porque recuerdo haberla visto en el reloj de la sala antes de ir a la cama. Como decía anteriormente el sueño comenzaba a hacer de las suyas en mí; posé mi cara sobre la almohada sintiendo ese suave roce que traslada inmediatamente hasta el descanso. La noche era clara y la luz de la creciente luna se colaba por la ventana. Ya todos se habían dormido, solamente yo permanecía en ese espacio estrecho entre nuestro mundo y el de los sueños. Durante ese período muchos pensamientos llegaron a mí, volví mi cara en dirección al techo para pensar; A pesar de mi corta edad, solía pensar y meditar sobre muchas cosas, tan variadas como las de cualquierr adulto (1); Sinceramente nunca he entendido ese comportamiento, parece que buscáramos las soluciones a nuestro problemas y las respuestas a nuestras interrogantes allí. Bueno me desvío algo del tema.
Las noches secas suelen ser frías y esta no era la excepción; estaba arropado hasta mi pecho y decidí por cosa extraña bajar la mirada hacia al puerta de mi habitación y vi lo que supuse era la luz proveniente del televisor de la habitación contigua, mas estaba equivocado; La luz comenzó a acercarse hasta el marco de la puerta, allí permaneció por no más de diez segundos. Era un extraño punto blanco que emitía una luz plata blanquecina que a pesar del hecho de su potencia luminosa, no parecía impactar su entorno. Mi cabeza se ubicaba en oposición a la puerta mientras que mis pies le enfrentaban. La extraña luz creció notoriamente desde aquel minúsculo punto hasta una esfera quizás del tamaño de una uva pequeña, esta quedó suspendida justo frente a mi cama, mi impresión fue enorme, pensé en un primer instante que aquella luz era una luciérnaga, pero luego recordé que éstas brillan con luz verde.
Mi curiosidad aumentaba; deseaba saber qué era aquella misteriosa presencia que me visitaba a tan altas horas de la noche. Me di a la tarea de acercarme y mientras lo hacía, con mucha cautela debo decir, un magnífico olor llegó a mí, me era tan familiar, y sí, lo recordé: así olían las flores del Azahar de La India o como mi abuela solía (2) llamarle “Jazmín”. Aunque esto me confundió un poco no desistí en mi intento. Cuando hube acortado la distancia lo suficiente como para que mi rostro sintiera la calidez de la llama, ésta, increíblemente, se desvaneció como una burbuja de jabón, me asusté tanto que me oculté bajo las sábanas y allí me quedé dormido.
Al llegar el día deseaba con ansias contar mi insólita experiencia, pero me di cuenta que cosas como esa nadie se las cree a un niño de once años. Ciertamente no sé con exactitud qué ocurrió esa fría noche ni mucho menos qué era aquel ente luminiscente. Por largo tiempo no comenté mi historia y cuando decidía hacerlo me decían que tal vez había sido un sueño. Aunque siempre he pensado que lo que llegó a mis aposentos esa clara noche de luna creciente fue un visitante más que natural. Hasta este momento es que cuento abiertamente esta historia porque sé que nadie me hubiese creído.
Autor: Arturo J. Bilbao
Año: 2008
Año: 2008
Nota: Este mi primer cuento formal, escrito cuando tenía 16 años. Lo he mantenido tan original como he podido, sin más alteraciones que correcciones ortográficas y de redacción.
(1) Agregué esta aclaratoria dado que para el momento que lo escribí pensaba que con 11 años era común realizar los procesos de introspección y reflexión que yo hacía. El texto original dice: "Durante ese período muchos pensamientos arribaron a mí, volví mi cara en dirección al techo para pensar; mucha gente lo hace pero sinceramente nunca he entendido ese comportamiento...".
(2) Cambié "Suele" por "Solía", pues mi abuela murió el año pasado (2017)

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