Conciencia Digital


Conciencia Digital
Autor: Arturo J. Bilbao
Año: 2019

La conciencia es un subproducto de las reacciones bioquímicas eslabonadas que acontecen en nuestro cerebro. Hemos descubierto cómo funciona. Así anunciaba Frederick Patrov, CEO de Thoth Inc, la gigantesca Interplanetaria tecnológica, durante un programa especial de debate científico. Marlene y Paul miraban atentamente el programa desde la comodidad de su cama, ambos configuradores de algoritmos, interesados en las nuevas tendencias de la industria.

- ¿Qué implicaciones tiene este descubrimiento? -preguntó el entrevistador.
- Muchísimas -la respuesta salió con una sonrisa placentera.
- ¿Podría mencionar la más importante? - Insistió.
-La más importante es la digitalización de la conciencia-pausó-. Verá usted: Desde sus inicios la neurología ha tratado de descifrar los misterios de la mente humana. Primero se adentró en su funcionamiento básico y luego fue ascendiendo paulatinamente hasta llegar incluso a predecir con exactitud las decisiones con solo mirar cómo un cerebro reaccionaba frente a ciertos estímulos. Estos estudios fueron la base para que la informática y la robótica imitaran, replicara y luego optimizaran la Inteligencia Artificial. Pero siempre ha sido todo alrededor de la inteligencia. Hoy por hoy tenemos algoritmos sumamente inteligentes, con una autonomía y capacidad de discernimiento incomparables.
-Esto nadie lo pone en duda-confirmó el entrevistador con un risa ante aquella obviedad-. Pero ¿En qué nos ayudaría la conciencia? -quiso apresurar la conclusión de Patrov.
- ¡La Conciencia! – respondió con énfasis.
En la cama Marlene y Paul seguían con la atención fija. ¿Es que acaso no va a permitir que justifique adecuadamente lo que va a decir? -Comentó Marlene con algo de molestia por la actitud del entrevistador. Es un idiota – dijo Paul.
-Es decir-continuó Patrov-, siempre hemos hecho esfuerzos para imitar la inteligencia, pero jamás la conciencia, por una razón más que práctica: La Inteligencia es la que nos ayuda a resolver problemas. Después de todo ¿Para qué sirve la conciencia?
El entrevistador río un poco y dijo: Es una pregunta controvertida, Señor Patrov. La conciencia es la que nos hace humanos, después de todo.
-¡No he dicho lo contrario! – Aseveró Patrov-. En eso coincido plenamente. Pero la conciencia no tiene ninguna utilidad biológica. Ahora bien, esto no significa que sea inútil per se. Como un subproducto de los procesos de pensamiento, la conciencia nos permitió lograr muchísimas cosas. Pero estas cosas no tenían practicidad biológica, tenían practicidad humana. Nosotros, los humanos, logramos adueñarnos de todo el sistema gracias a esta capacidad ociosa de nuestra mente, esta capacidad que logramos doblegar.
Hubo un gesto de disconformidad en el entrevistador a lo que Patrov respondió rápidamente.
-Para concretar: Nos habíamos enfocado tanto en entender la conciencia como un elemento práctico y algorítmico que no entendimos que era simplemente un “daño colateral” de los procesos de la inteligencia. Hemos desarrollado Inteligencias Artificiales tan poderosas, incluso mejores que las nuestras. Pero estas inteligencias carecen de conciencia; una conciencia que las guíe y las lleve a otro nivel. Con este descubrimiento, este entendimiento real de cómo funciona la conciencia y cómo se origina, podremos ser capaces de digitalizar la mente de los seres humanos y trasladar nuestras conciencias a las estructuras mejoradas que creamos a imagen y semejanza de nosotros. Seremos capaces de migrar al Silicio desde el Carbono.
El entrevistador decidió cerrar el debate. Marlene y Paul especularon sobre las razones: probablemente, como todo idiota pseudocientífico, se sintió amenazado ante la mente extraordinaria de Patrov. Paul comandó el apagado de las luces, abrazó a Marlene y le deseo dulces sueños con un beso y un Te Amo.
-        ¿Te digitalizarías? -preguntó Marlene tras unos minutos de silencio.
-        No lo sé-apenas respondió Paul quien ya se hallaba adentrado en el sueño- Implicaría muchas cosas. Habría tantas preguntas que tendría. Además, podría significar que perderíamos nuestro cuerpo físico.
-        Sí, así es – confirmó Marlene-. Pero también implicaría acceder a estados de conciencia que nadie más habría experimentado jamás. A penas imagino cómo sería la percepción digital- Se dio cuenta que Paul ya se había dormido así que lo acompañó.
Durante los siguientes dos años Marlene, atraída por las revolucionarias declaraciones de Frederick Patrov, se dedicó a investigar por su cuenta todo lo relativo a las investigaciones sobre la conciencia de Thoth Inc. Poco a poco lo que comenzó siendo un pasatiempo se convirtió en un proyecto de vida. Marlene y Paul tuvieron una hija a la que llamaron Isis.
Por seis años, y en paralelo a su vida, Marlene estuvo preparándose para la oportunidad de poder trabajar para Thoth Inc, dedicando todo el tiempo y esfuerzo que le fuera posible. Finalmente, esa oportunidad se presentó: Frederick Patrov anunció oficialmente la creación de una división de Conciencia Artificial. El anuncio causó muchísimo revuelo: hubo críticas desde distintos sectores religiosos, filosóficos e incluso políticos.
Marlene sintió que debía participar ¡Y bien que podía! La división comenzó a reclutar investigadores tanto de la Tierra como de Marte y para suerte de Marlene todo el proceso de trabajo sería remoto. Sin embargo, el proceso de selección era un poco extraño y exigía del participante una dedicación exclusiva de 2 meses los cuales, aclaraba, serían pagos, pero no garantizaba que procederían a contratación.
Marlene se encontró ante una duda: Tenía un buen trabajo, cerca de casa y con un excelente salario. Además ¿Cuáles eran las probabilidades de ser seleccionada? Esto la aterró y decidió compartirlo con su esposo: Paul solo supo motivarla y la instó a que se arriesgara. Se ofreció a encargarse de todo para que ella tomara esa oportunidad.
Así fue, Marlene se postuló para el proceso de selección y apenas recibió la prevalidación, renunció a su cómodo trabajo y se dedicó al programa de CI de Thoth Inc. Le fueron enviadas una serie de instrucciones adjuntas a un cronograma, el explicaba a detalle cada una de las actividades que llevaría a cabo. La primera de ellas era la recepción de un conjunto de equipos computacionales y de digitalización. Incluía un QC512 (un computador cuántico de 512 Qbits), un dispositivo transcraneal y una serie de accesorios periféricos para realizar las investigaciones. Además, recibió un contrato de términos y condiciones, en conjunto con un acuerdo de confidencialidad y excepción de responsabilidad, así como un acuerdo de patente mancomunada entre la empresa y los participantes sobre los resultados de la investigación. Marlene estuvo algo reacia al inicio sobre este último punto, pero entendió que, dada la naturaleza de la investigación, era imposible atribuir la totalidad o alguna de sus partes a una persona específica.
Tres días luego de recibidas las instrucciones, los equipos llegaron a casa de Marlene y comenzó el proceso de instalación. Decidió en conjunto con Paul, acondicionar una habitación de la casa para tener un espacio de trabajo sin distracciones ni conflictos. Una vez instalado todo, recibió el siguiente ciclo de instrucciones donde se especificaban una serie de desarrollos algorítmicos básicos, los cuales eran bastante sencillos. Sin embargo, la condición primordial es que utilizaran el casco transcraneal para ejecutar a actividad que, según la instrucción, permitiría al algoritmo genérico del computador establecer una interfaz con la mente del participante de contactarlo con el proyecto. Aunque no era común hacer desarrollos algorítmicos con esta tecnología, bien que era conocida para muchas otras aplicaciones en distintos campos de la ingeniería, principalmente relacionadas con operaciones a distancia.
Marlene se dedicó con vehemencia a la ejecución de las actividades; una tras otra, fueron llegando en periodos de tres días. Incluso comenzaron a condicionar su ritmo de vida: Los ejercicios le exigían un periodo de sueño específico, ejercicios específicos y dietas específicas para garantizar la actividad cerebral. Al inicio no pareció afectar en gran medida su rutina; Paul e Isis se reían cuando la veían a toda hora con el casco transcraneal: aquella telaraña luminiscente que se ajustaba delicadamente sobre su cabeza. Pero luego, los ejercicios comenzaron a demandar un uso mayor y más frecuente, llegando hasta su uso durante el sueño. El ejercicio más extraño de todos fue uno en el que le pedían tener relaciones sexuales mientras usaba el casco. Paul lo tomó bien la primera vez, pero luego comenzó a manifestar incomodidad, a lo que Marlene respondió con un dulce Esto es momentáneo; será hasta que culmine el periodo de prueba.
Al cabo de los dos meses, Marlene había culminado todas las actividades con éxito y segundos después de hacerlo recibió una notificación donde le indicaban que había aprobado exitosamente el periodo de prueba. Pero otra notificación le sucedió: Debía presentarse a la última evaluación de rigor y durante una semana en la Oficinas Principales de Thoth Inc. Se preparó sin chistar y pronto estuvo de partida. Se despidió apresurada de Paul y de Isis y les prometió que pronto volvería.
Durante todo el viaje se mantuvo ocupada, repasando cada una de las codificaciones y actividades que había realizado, muchas de las cuales consistían en algoritmos genéticos, redes neurales y análisis difusos a través de algoritmos entrelazados. En su opinión, todo parecía apuntar a que buscaban gente capaz de diseñar algoritmos de plena autonomía capaces de generar subproductos no útiles, lo cual le parecía muy consistente con aquella declaración de Patrov “La conciencia es un subproducto de las reacciones bioquímicas eslabonadas que acontecen en nuestro cerebro”. La sola idea de formar parte de esa gran investigación le erizaba la piel. Pero decidió enfocarse y prepararse a sí misma para la posibilidad de no ser contratada; no por un tema de pesimismo, sino más bien como parte de un plan de riesgos.
Las instalaciones de Thoth Inc en la Tierra eran una maravilla, condensadas en una torre monumental de cristal, absolutamente autónoma y autocomandada. Se presentó en la recepción donde una AI llamada Silvia la registró y atendió; pronto se encontró encaminada al Departamento de Inteligencia y Conciencia Artificial, llamado “ICA” por economía del lenguaje. Accedió a una sala totalmente blanca donde le pidieron aguardar. Luego de unos escasos minutos una voz en la sala comenzó a interactuar con ella.
-Por favor, diríjase a la pared que está a su izquierda y abra el compartimiento circular que se encuentra en ella.
Era una voz muy dulce. A penas era perceptible su digitalidad, pero para Marlene quien estaba acostumbrada a esas voces la diferencia entre una voz humana y una digital era clara. Marlene siguió las instrucciones: Caminó hacia la pared y abrió el compartimiento donde encontró un casco trasncraneal bastante sofisticado; apenas y eran cuatro líneas cruzadas, sujetadas por una cinta circuncraneal.
-Coloque el dispositivo en su cabeza-instruyó la voz-e inicie sesión.
Marlene hizo exactamente lo indicado, iniciando sesión y accediendo a un panel interactivo.
-Esta última evaluación consta de un prototipo experimental de digitalización de conciencia a través del cual se busca que identifique posibles fallas en el proceso de digitalización.
Fue como música para sus oídos ¡Ya existía un prototipo! Eso significaba que las potenciales aplicaciones de la Hipótesis de Patrov serían infinitas.
-¿Da usted consentimiento para ejecutar un proceso experimental de digitalización de su conciencia?- preguntó la voz.
-Yo, Marlene, doy consentimiento para ejecutar un proceso experimental de digitalización de mi conciencia- respondió.
Una luz brillante la segó momentáneamente y sintió cómo su cuerpo se desvanecía. Luego solo hubo oscuridad y una sensación de vacío interminable. Marlene se sintió completamente perdida, sin sensaciones y en un estado de exaltación que no era capaz de describir. Repentinamente una voz apareció en la oscuridad: Marlene ¿Estás allí? Pero ella no era capaz de responder, no podía emitir voz alguna, ni siquiera sentía su cuerpo, solo había una penumbra interminable. A pesar de toda esta situación y de que un pensamiento de desesperación y miedo la abordo, las sensaciones que su mente recordaba asociadas a esto, no se manifestaban de ninguna forma. La voz habló de nuevo: Activando máquinas vectoriales para emulación de sentidos.
De pronto la oscuridad desapareció y Marlene se encontró en un espacio luminoso, completamente blanco. La voz le indicó: Piensa en un lugar donde te sientas segura. Así lo hizo, pensó en su casa: Poco a poco las imágenes comenzaron a materializarse en el espacio blanco: al inicio eran intermitentes como un film defectuoso; pequeños destellos de imágenes turbias y borrosas, pero a medida que fue enfocando sus pensamientos se convirtieron en ilusiones nítidas. Se halló justo frente a la puerta de su casa cuando el timbre sonó. Dio a penas dos pasos, sujetó el picaporte y percibió su mano: Supo que lo que veía era un recuerdo y que la sensación fría del picaporte no era real sino una proyección de su memoria, muy parecida a las sensaciones que se tienen en los sueños. Al abrir la puerta descubrió una figura masculina que poco a poco se le hizo familiar: Frederick Patrov.
-¡Hola! Marlene-dijo con una gran sonrisa-Es hermosa tu casa ¿Puedo pasar?
Marlene estupefacta tardó unos segundos en responder.
-¡Sí! Adelante-hizo una pausa-¿Es esta realmente mi casa?-preguntó sorpresivamente.
-Quizás-Patrov respondió con una sonrisa- Son tus recuerdos los que han creado este lugar como reacción al protocolo de sentidos. ¿Recuerdas que una voz te pidió que imaginaras un lugar donde te sintieras segura?
-Sí, lo recuerdo-comenzó a evocar aquellos pensamientos confusos pero que no eran lo suficientemente reales.
-Bueno, has imaginado este lugar. Por algunas imágenes de tus perfiles virtuales he deducido que es tu casa.
Marlene sintió bastante confusión, pero seguía sin experimentar más que fantasmas de aquellas sensaciones. Ni siquiera sentía ese característico vacío en el estómago. Instintivamente se sujetó lo que parecía ser su abdomen ante aquella reacción.
-Tranquila-se acercó Patrov-estás experimentando sensaciones fantasmas características del proceso de digitalización. Aún no hemos logrado desarrollar un algoritmo que logre evocarlas de manera verosímil. Aunque, también hemos descubierto que no sentirlas nos causa una experiencia liberadora. Mientras más tiempo pasas aquí, menos las extrañas.
El fantasma de la sensación la abordó de nuevo y ahora con fuerza; la realidad donde se hallaba parpadeo.
- ¡Qué interesante! -Exclamó Patrov-Quisiera saber en qué estás pensando.
-Tengo muchas dudas-respondió Marlene- ¿Dónde estoy realmente? ¿Dónde está mi cuerpo? -soltó ambas preguntas como balas.
- ¡Ah, eso! -La voz de Patrov pareció llenarse de cierta decepción.
-¿Te decepciona que pregunte eso?-preguntó Marlene. Aunque no entendía cómo había llegado a aquel nivel de desinhibición para hacerlo, ni tampoco cómo estaba tan segura de que era decepción.
Patrov rió.
-Verás, Marlene. Los Algoritmos de percepción aún no son tan refinados para reproducir con total fidelidad las imperfecciones humanas. Por ejemplo, claramente notaste que mi tono de voz contenía un elemento de decepción y como el protocolo de percepción del que está haciendo uso nuestra conciencia está limitado a un conjunto finito de variables, no somos capaces de comunicarnos con matices. Digamos que nuestras conciencias en este momento son conciencias asperger. – Patrov acercó a ella y la tomó de la mano; la sensación fue vacua y lejanamente agradable.
- ¿Dónde está mi cuerpo? -insistió Marlene-
- No te preocupes por eso-replicó Patrov- No lo necesitarás más.
La realidad comenzó a parpadear de nuevo mientras Marlene trataba de procesar aquel argumento: No necesitaría más su cuerpo. Su mente comenzó a girar entorno a un conjunto de posibilidades y la capacidad de cálculo fue asombrosa. Mientras exploraba todas las consecuencias de que su cuerpo no estuviera con ella, una sensación de libertad extrema la atrapaba al darse cuenta de todo lo que era capaz de considerar. De ser cierto, y estar completamente digitalizada entonces ya no sería capaz de volver a ver su hija ni a su esposo ¿Qué pasaría con ellas? ¿Cómo lo tomarían? ¿Qué era todo esto?
A medida que computaba el entorno proyectaba todos sus pensamientos de manera nítida, como una película que pasa aceleradamente. La realidad parpadeaba entre lo que ella proyectaba y el abismo blanco, mientras Patrov seguía allí, inmutable y contemplativo. Pensó en cada arista y en cada consecuencia ¿Cómo era posible que hubiese aceptado tan a la ligera digitalizarse si esta era una consecuencia obvia de aquel proceso? Y entonces, la respuesta a toda su desesperanza llegó. La realidad dejó de parpadear y Marlene se tranquilizó.
-¡Muy bien, Marlene! -expresó enérgicamente Patrov- ¡Lo has entendido!
De vuelta en la sala de observación Marlene observaba a su conciencia interactuar con la conciencia de Patrov.
-Como podrás ver -indicó Patrov-, los dos meses con el casco transcraneal nos permitieron mapear tu conciencia y entender la capacidad lógica de tus acciones. Cada ejercicio estuvo destinado a entrenarte para que una vez que tu conciencia fuera digitalizada ella fuera capaz de llegar a la conclusión, por sí sola, de que es tan solo una réplica de la existente.
-Supongo que utilizan a estas réplicas como procesadores de apoyo para ayudar a los investigadores en el desarrollo -apuntó Marlene con entusiasmo.
-Así es-respondió Patrov con una expresión de satisfacción en el rostro-. Como verás, el mayor dilema ético aquí es: ¿Esa réplica de tu conciencia es humana?
Hubo un silencio incómodo mientras Marlene trataba de analizarlo.
-¿Qué crees tú? -insistió Patrov.
Marlene no fue capaz de hacerse un juicio claro ante aquella pregunta.



 Relato: Conciencia Digital
Autor: Arturo J. Bilbao
Año: 2019


Comentarios

  1. Cada vez mejor Arturo!

    "Economía del lenguaje"

    Un abrazo.

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  2. Muy bueno Arturo, el final da pie para una segunda parte, anímate !!

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