Talismanes

Erregea - "El Rey"
5to Señor del Cielo

   En el año de El Rey del segundo docenio del Reinado de Padím II, Odeva, Princesa de Parma, dio a luz a un niño fruto de un amorío no permitido con el Príncipe Heredero del Reino Menor de Anwamanar. Hubiese sido un asunto fácil de atender, pero una serie de circunstancias peculiares hicieron que no lo fuera: El niño, a quien su madre llamó “Pavadeva”, nació en el momento en el que un mamu se posó sobre su lecho de parto, convirtiéndolo en un azti, y no en uno cualquiera (y no porque los azti sean seres cualesquiera), sino en el primer nacido según los deseos y designios de otra persona: Pasión de Parma. 

   Esto complicó el panorama, porque al nacer debían deshacerse de él, pero al haber nacido Príncipe de Sangre y un azti bajo la bendición de El Rey, representaba una oportunidad invaluable para el insignificante reino de Anwamanar. Pasión lo sabía desde el principio, pero lo manejó con suma cautela, traicionando (según el punto de vista de su familia) al Reino de Parma. Si bien es sabido, Pasión de Parma murió la misma noche en la que Pavadeva nació, Ápalo, su sucesor, quedó con estrictas instrucciones de lo que se debía hacer. De acuerdo al plan de Pasión, del lado de Parma, el plan era informar que el niño había muerto poco tiempo después de nacer; para esto, usaron un encantamiento de memoria sobre la Princesa Odeva, el cual les permitió extraer la memoria del niño vivo y suplantarla por la del niño muerto. Luego, tomaron al niño y, con la ayuda de una nodriza, lo llevaron al Castillo de Sanerón, en la capital de Anwamanar, donde fue recibido por Osderán y Pandamón XII, el Rey. Ambos personajes estuvieron implicados desde el inicio en el Plan de Pasión: Habían dispuesto que Osderán se casara con un noble de Anwamanar a quien con un encantamiento de ilusión le hicieron creer que estaba embarazada, haciendo que diera a luz imaginariamente el día que el niño nació y la mantuvieron inconsciente hasta que lo pudieron llevar al palacio. Además, usaron un talismán de transformación para que el mamu (a quien llamarían Azkenor) se viera como un gato y así evitar sospechas, sabiendo que, por Ley Real, todo azti nacido en Parma debía servir al reino.

   Urdido y ejecutado con el detalle que solo Pasión de Parma podría darle, el plan no solo implicaba este tráfico, también se extendía en el tiempo y sobre la educación del ahora, Príncipe Pavadeva. El anuncio de su nacimiento fue hecho a todos los Reinos de las Montañas, de los Valles Altos, del Valle de Azazomar e incluso llegó a las llanuras de Pandomar y al Puerto de Pendapor. Pavadeva se convertiría, después de la leyenda de Opari, en el primer Rey Mago de la Historia. 
Según el Plan de Pasión, Pavadeva debía recibir una educación cumpliendo con la Ley Real de Parma, ya que Anwamanar era tributario de este. Así, Pavadeva recibió la mejor educación que algún noble jamás podía recibir, no solo de asuntos corrientes sino también mágicos. Para Pasión, cuya voluntad se encarnó en Ápalo de Saén, Pavadeva debía ser el mejor de los Azti venidos al mundo. Como todos los azti nacidos en el año de El Rey, sus poderes naturales consistían en el control elemental (agua, fuego, viento y tierra), potenciado cada poder por la disposición de la Teserastra en el cielo: Zerión para el Agua, Ardós para el Fuego, Pha para el Viento y Katnis para la Tierra. Sus poderes fueron cultivados y potenciados de la mejor manera posible, dentro de la ética mágica y las leyes de los reinos, su personalidad y principios fueron forjados para gobernar, y aprendió todos los hechizos y encantamientos posibles, todos orientados a entregar lo mejor de sí al mundo y a la humanidad.

   Pavadeva aprendió a encausar el clima, a evitar los desastres naturales y mejorar las condiciones naturales de la tierra. Pero como todo esto tenía un costo enérgico, su mayor pasión fue estudiar cómo almacenar y posteriormente usar, la energía mágica. Estudió la técnica de los talismanes de Leomar de Pendapor que permitía “cosechar” la energía de un azti y depositarla en un objeto, para así ser usada luego. Sin embargo, esta técnica tenía una limitante y es que dependía del propio mago y su energía; Pavadeva tenía algo más grande en mente: deseaba encontrar la manera de cosechar la energía natural, la misma que usaban los azti, y sin necesidad que pasara a través de un ser vivo, almacenarla. El Príncipe Mago imaginaba un sinfín de utilidades para tal poder: Para la construcción, empleando poderes telequinéticos para elevar muros, cavar desvíos de los ríos, construir edificios; Para la agricultura, acabando con el trabajo forzado en el campo y la dependencia de animales de carga.  Incluso pensó en el transporte y en las posibilidades del vuelo o la navegación. Pavadeva imaginaba un mundo maravilloso, movido por la energía mágica y administrado por los azti. Pero la realidad es que el mundo era más complicado y limitado.

   Pronto las necesidades de conocimiento de Pavadeva sobrepasaron lo que ofrecía la Escuela Real de Artes Místicas de Parma y convenció a su padre de ser enviado a culminar sus estudios en Áztikas. Pero esto contravenía el Plan de Pasión y la tutela de Ápalo, y la mínima sombra de esta idea generó inmediatos rechazos en el Reino de Parma. De modo que Pavadeva construyó su propio plan, decidió empeñar todo su esfuerzo en graduarse de la Escuela de Parma, y luego en cumplir con el tiempo de servicio al Reino que era requerido.

   Durante el Servicio al Reino de Parma, Pavadeva aprendió la realidad cruda sobre los azti: Sus acciones se regían por los deseos de los generales en los ejércitos, de los señores feudales y de los reyes. Los azti, aunque pocos en número, cumplían muchas funciones en la vida administrativa y militar, generalmente eran empleados como recursos para hacer cumplir las leyes o para intimidar. Otras veces, empleados “para ayudar” en tiempos de vicisitud. Sin embargo, sus servicios eran costosos para la población en general, teniendo que entregar grandes cantidades de impuestos a los Señores, por sus servicios. Pavadeva reflexionó sobre esta situación y se preguntó cómo era posible que los azti hubiesen permitido tal situación. A pesar de todas las condiciones para ejercer su poder, podían revelarse y exigir su plena libertad. Pero con el tiempo descubriría que la razón principal era sus propias limitaciones en el uso de su poder y el escaso número que representaban: Por más que un azti se revelase, luchar contra un centenar de hombres pronto le consumiría todas sus energías, y así se juntasen, pronto se verían exhaustos y acabados. Por otro lado, estaba la debilidad de los mamu, presa fácil de cualquier ataque, y a cuya vida todo azti estaba atado. Toda esta situación reforzó el deseo de encontrar una manera de potenciar los poderes de los azti y así brindarle las herramientas para liberarlos.

   Luego de dos años al servicio de Parma, su abuelo murió y Osdarán asumió el trono de Anwamanar, entonces Pavadeva fue convocado asumir su rol como Príncipe y esto obligó a las instituciones de Parma a condonar su servicio. Esto fue una oportunidad de oro para él. Convenció a su padre de ser enviado a Áztikas, con la fachada de una misión diplomática en las Islas del Norte. Para mantener mejor el secreto, decidió cambiar su identidad y quitarle el talismán de transformación a Azkenor, quien ya se había acostumbrado a ser un gato. Durante el primer año del Reinado de Osdarán I, Pavadeva, el Príncipe Mago, se enrumbó a Pendapor, con una identidad falsa: Andón de Kebat, para pasar desapercibido. 

   Una vez en Áztikas, fue recibido como un estudiante avanzado dada su edad y los conocimientos que demostró en su prueba de admisión. Para Pavadeva fue todo un mundo nuevo por descubrir, pues, si bien es cierto la Escuela de Pasión había sido, de cierta manera, fundada sobre las bases de Áztikas, a lo largo de más de una centuria de existencia, sus principios habían divergido de esta. Áztikas estaba llena de azti de todas partes del continente, incluso de regiones más allá del Mar Oriental de las cuales Pavadeva jamás había escuchado. Era un lugar donde los azti compartían conocimiento y poder sin rendirle cuentas a nadie y sin limitaciones “estatales” sobre el ejercicio y la exploración del poder. El Príncipe Mago no pudo evitar hacer comparaciones, en su interior, entre ambas escuelas, siendo de mayor interés la diferencia entre los métodos: Para la Escuela de Parma, el ejercicio del poder se basaba en la disciplina, en la investigación, la observación y la conclusión, se exploraba el poder como una herramienta para dominar, gobernar y explotar. Para Áztikas, la exploración del poder se daba con libertad, tras ensayo y error, y era el cúmulo de las experiencias individuales libres lo que constituía la riqueza de la enseñanza: No había estándares ni normas específicas, la magia se ejercía a través de principios y no de cánones.

   A medida que Pavadeva incursionó en el conocimiento de Áztikas, descubrió más y más encantamientos de los que se privaba a los azti en la Escuela de Parma, y al conectarse con tantas partes del mundo, el Príncipe Mago que algún día sería Rey Mago, se dio cuenta de cómo los azti eran en términos “tibios” esclavizados por los reinos del Valle de Azazomar para el beneficio de sus élites y monarcas. De esta manera, en la mente de Pavadeva comenzó a forjarse una idea revolucionaria y era que, una vez convirtiéndose él en Rey, promovería la libertad de los azti en Anwamanar. Pero una vez más sus ideas fueron golpeadas por un poco de realidad: Por más que fuera el coronado rey, por más que deseara emancipar a Anwamanar de la influencia de Parma y convertir su reino en una tierra “paradisíaca” para los azti, había una serie obstáculos para lograr ese objetivo, siendo el más importante la fuerza bélica de Parma y los magos que estaban a su servicio. Y fue esto lo que hizo que Pavadeva se enfocara aún más en su estudio sobre el almacenamiento de la energía, así que leyó cada pergamino escrito por Leomar, cada pergamino escrito por quienes continuaron su trabajo; cuando hubo acabado siguió con cada pergamino que halló en la Biblioteca de Áztikas.

   El Príncipe Mago reprodujo cada experimento que encontró los pergaminos, explorando variaciones, cambiando condiciones, aplicando el método de investigación de la Escuela de Parma sobre cada conocimiento de Áztikas. Incluso, logró depositar increíbles cantidades de energía en talismanes muy pequeños, pero para todo había un límite: por un lado, siempre dependía de la energía humana y de la capacidad del material. No podía almacenar más de seis días de energía en ningún talismán porque inmediatamente se destruían, y aun cuando depositara seis días, estos no duraban más de treinta días, porque la carga se iba desvaneciendo. También aprendió a crear talismanes de agua y luz que demostraron ser excelentes conductores de energía y permitían conexiones entre ellos en amplias áreas y grandes distancias.

   Pronto, incluso Áztikas se volvió pequeña, los pergaminos se agotaban y no había respuestas a sus necesidades. Pero un día descubrió una serie de pergaminos que versaban sobre la historia de la escuela y su fundación; estos textos contaban que los siete azti que fundaron Áztikas la construyeron con sus propias manos, excavando sus cimientos y elevando las piedras de sus muros solo con sus poderes, canalizando la energía a través de unos talismanes creados a partir de “cristales estelares” que se encontraron en el Valle de Kebat. Los pergaminos hablaban de una estrella que cayó hace miles de años en la zona; Estos “cristales estelares” decían tener la capacidad de contener grandes cantidades de energía y, además, podían canalizar los poderes mágicos de los azti. El pasaje del pergamino terminaba abruptamente diciendo que la transformación del cristal en un talismán de tal carácter requería una técnica llamada “Los Mil Sellos”. Luego de eso, el pergamino continuaba la historia de la academia, hablando sobre cada lehendakari que la dirigió y las proezas que hicieron. 
De inmediato se puso a consultar otras fuentes sobre el mismo tema, pero todas, absolutamente todas terminaban abruptamente cuando comenzaban a hablar de los Talismanes de los Mil Sellos, todos los pergaminos y libros parecían haber sido cortados o alterados deliberadamente. Comenzó a sospechar que, después de todo, Áztikas no era tan libre y había cosas que se estaban ocultando; el Príncipe Mago, se echó a pensar, pues tenía que haber alguna manera de recuperar aquella información o al menos determinar su paradero. 

   Después de pensarlo un buen rato, Pavadeva recordó que había leído sobre un encantamiento, hecho a base de agua y luz llamado argi-gune que permitía revivir los recuerdos y las memorias de cosas que habían pasado en un lugar específico, pero funcionaba como una antorcha pequeña, a penas iluminando una porción del pasado. Sin embargo, su mente audaz fue capaz de conectar este encantamiento con el de los Talismanes de Agua y Luz: Si de alguna manera lograra replicar mil veces el argi-gune sería capaz de mirar más allá de lo inmediatamente visible. Decidió hacer los cálculos de energía para replicar el hechizo, y el resultado fue alentador y consistente: Si lograba iniciar el hechizo con una masa de agua equivalente a su peso corporal y una vez creado el talismán de agua y luz, podría transformarlo en mil talismanes idénticos y extenderlos por toda la Biblioteca. Ahora, también sus cálculos arrojaron que, si conectaba todos los talismanes, el efecto en cadena haría que el encantamiento tuviera una intensidad casi exponencial. Solo había un pequeño inconveniente: requería una gran cantidad de energía, equivalente a toda la que su cuerpo podía almacenar. 

   Así que Pavadeva se preparó; determinó que, si hacía el hechizo el día que Zerión y Ardós coincidieran en el cielo, su control sobre el agua y el fuego serían mayores. Sumó a esto una dieta amplia, durante semanas, quedando completamente asqueado y aumentando de peso, para así almacenar tanta energía como pudiera, y practicó en secreto, en su habitación, creando pequeñas redes de talismanes, pudiendo rememorar incluso el momento en el día en el que llegó a Aztikás. 

   Cuando llegó el día, esperó hasta más allá del crepúsculo y cuando la biblioteca estuvo vacía, se fue hasta el centro del salón, donde las estatuas de los siete fundadores se distribuían entre las columnas, resguardando cada sección de la biblioteca, y tan solo dejando dos espacios: el de la entrada al salón y del pasillo que daba hacia el monolito que contenía los íconos de cada Señor del Cielo. Pavadeva llevó consigo una vasija llena con la cantidad exacta de agua según su peso, la colocó en el centro geométrico del salón, chasqueo sus dedos generando fuego para para encender vela a su alrededor, esperó que se formara suficiente luz y moviendo suavemente sus manos, imitando las corrientes de un río, elevó el agua fuera de la vasija, formando una esfera perfecta. A continuación, extendió sus brazos a cada lado y bajándolos lentamente hasta que quedaran alineados con sus piernas, convocó las luces de las velas hacia el centro de la esfera; uno a uno, pequeños puntos de luz entraron, estallando en chasquidos simples de vapor y formando un cristal de luz en el interior, mientras Pavadeva recitaba:

    Ur kanpoan
    Argi gunean
    Jakite artean

   Azkenor, que lo acompañaba, echó a volar por el salón, huyendo de los sonidos. Cuando todas las luces hubieron entrado, un fuerte resplandor pulsante manó de la esfera, sincronizándose en pulsos con su rotación. Entonces se había creado el argi-gune y Pavadeva procedió al paso final: hizo estallar la esfera, replicándola en miles de partes más pequeñas y desplegándolas por todos los rincones de la biblioteca, y el Príncipe Mago continuó:
    Izpi daramanak
    Buru ulertzen duenak
    Bihotza sentitzen duenak
  Mientras lo hacía, las esferas de luz y agua comenzaron a conectarse entre sí, a través de haces pulsantes de luz, y como un río, visto desde su delta hacia el interior, se acercaron hacia la esfera principal que flotaba sobre Pavadeva. Entonces, un haz de luz concentrado convergió directamente en medio de la frente del azti, dándole acceso a un mar de información tan vasto y abrumador que, a duras penas, era capaz de procesar, debiendo mantener su mente concentrada en la búsqueda que realizaba, pero también en la energía que iba consumiendo, pudiendo percibirla a través del ardor que causaba bajo su piel. 

Pavadeva convocando el Argi-gune

    Pavadeva escudriñó cada recuerdo y memoria, cada palabra dicha en aquel salón y suceso que aconteció, yendo cada vez más hacia el pasado. Pronto, se topó con un suceso extraordinario: Un lehendakari hacía más de 100 años, había accedido a un salón secreto que existía debajo de la biblioteca y bastaba con conjurar un hechizo sobre el mural de los Señores del Cielo para abrirlo.

  Observó con detenimiento el encantamiento, tratando de memorizarlo, pero ya sentía cómo sus venas quemaban, anunciándole que su energía se había acabado. Pero se forzó un poco más, tenía que ver el encantamiento completo. Sus brazos comenzaron a quemarse, formando heridas en la piel que semejaban grietas en tierra seca. Las heridas comenzaron a entrar en su pecho, dirigiéndose a su corazón. El dolor se hizo cada vez más insoportable. 
   
   Pero ahí estuvo, vio el encantamiento completo y entonces, se sintió con un poco más de energía para seguir observando. El lehendakari no estaba solo, caminaba junto a un hombre a quien llamaba “Bétiko”. Para su gran sorpresa, el lehendakari hizo un ritual de extracción de mente sobre el hombre, traspasando su conciencia a un talismán. Sobre este talismán conjuró mil sellos en un orden específico. Pavadeva observó cada sello, memorizando el orden, y cuando el lehendakari hacia el sello número mil, Azkenor lo picoteó en la frente, sacándolo del trance del argi-gune. Entonces, Pavadeva cayó al suelo repentinamente y toda el agua se derramó sobre él, dándole cierto alivio a las heridas que cubrían su cuerpo. Cerró los ojos por un momento para manipular el agua, haciéndolo sanar, y se dio cuenta que Azkenor había entrado en el momento justo, antes de que las quemaduras fulminaran su corazón.

- Cuida nuestra vida, Pavadeva. Solo tenemos esta y nada más – escuchó en su cabeza la voz de Azkenor. 
- Lo sé, amigo. Lo siento – Le respondió Pavadeva.

   Con apenas algo de fuerzas, Pavadeva se levantó y caminó hacia los monolitos, conjurando el encantamiento, que consistía en ordenarlos según la posición de las constelaciones en el cielo del día en el cual se fundó Áztikas. Al hacerlo, el centro del salón comenzó desprenderse, formando una escalinata de caracol que descendía a un cuarto lejano y oscuro. Sin perder nada de tiempo se echó a andar, bajando hacia la profundidad. Sabía que debía hacerlo rápido, pues restaban solo algunas horas para el amanecer; tenía que hacer todo lo posible para encontrar lo que buscaba, porque cuando notaran los rastros de magia en la biblioteca, estaría en graves problemas.

   Chasqueó sus dedos, nuevamente, generando una antorcha en sus manos, replicándola en antorchas levitantes hacia el interior del cuarto oscuro. Cuando finalmente la inmensidad fue iluminada se encontró ante una bóveda circular, en cuyas paredes había cientos de compartimientos, todos coronados por una piedra-talismán. Cuando se acercó a ellos, notó que se trataban de talismanes sellados. Pavadeva cerró sus ojos y recitó, con muchísima velocidad, los 1000 sellos que había memorizado, esperando recuperar lo que había ocultado el lehendakari hacía más de cien años. Un sonido se escuchó, haciendo eco en la bóveda y una única caja se abrió, mostrando dentro de ella no solo uno, sino nueve talismanes. Pavadeva se dio cuenta de que los talismanes también estaban sellados con la misma técnica; los tomó y salió de la bóveda con toda prisa, reordenó los monolitos a su forma previa y reordenando la biblioteca tanto como pudo. Luego, se fue a su habitación.

   Pavadeva estaba consciente de que lo había hecho tendría grandes consecuencias, siendo la peor de ellas que su propiamente quedara encerrada dentro de un talismán para siempre. Así que huyó de Áztikas esa misma noche, antes de que saliera el sol, rumbo a Anwamanar, sin escoltas, sin comitivas, tomando la precaución de transformar a Azkenor en un gato de nuevo para evitar problemas en el camino. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, conjuró un encantamiento de revelación sobre las piedras y descubrió la verdad sobre ellas: habían practicado sobre ellas el burdin-lotura

   Siete de las piedras habían pertenecido a los siete fundadores de Áztikas y contenían en su interior las conciencias y almas de azti que ellos mismos habían atrapado. Los dos restantes pertenecían a Bétiko de Pendapor, quien por ensayo y error había descubierto el burdin-lotura, intentando salvar a su hija quien murió al nacer, y el otro a su hija que, aunque habían convencido a Bétiko de haberlo destruído, lo guardaron.

   Pavadeva quedó contrariado por el hallazgo, primero porque eran cristales de cuarzo común, sellados con un encantamiento muy poderoso, por lo que aquella historia de las piedras estelares era solo una leyenda para ocultar una verdad; Y segundo, porque entonces, el único secreto para tener un talismán capaz de transmutar y almacenar grandes cantidades de energía, era atrapar el alma de un azti en su interior. 

La decepción llenó su corazón, al saber que su deseo y el aparente medio para lograrlo tenían de por medio un principio de contradicción: Esclavizar a unos para liberar a otros, y aunque era un gran dilema en su mente, entendió que por ahora tenía en sus manos un gran poder, que podía utilizar para cuando llegara el momento de gobernar Anwamanar.

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