La Caída de Lurgorria
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| Erregina "La Reina" Sexta Señora del Cielo |
En el penúltimo año de La Reina, antes de “La Caída”, nació en las tierras delimitadas entre las Montañas Rojas y el Océano de Oriente, Elina de Lurgorria. Fruto de 18 intentos de un rey muy viejo por tener un heredero al trono, pareció, por un fugaz instante, traer alegría a su añejado corazón. Sin embargo, un mamu de plumajes blancos y dorados se posó sobre el lecho de parto de una moribunda reina, anunciando que la niña sería un azti. Para cualquier otro Rey esto sería una grandiosa noticia, al considerar que un noble, un Príncipe (o Princesa) pudiera ser bendecida por Los Cielos con semejante regalo, y es que de haber nacido en cualquier otro año esta hubiese sido la realidad, pero nacer específicamente en el año de La Reina significaba una “condena” certera.
Resultaba que desde hacía milenios un pacto había sido hecho por el Rey de Lurgorria con la Sexta Señora de Los Cielos, Erregina, en el cual, todo azti nacido en el año de La Reina debía servir en la Orden que regía el templo dedicado a ella, un templo construido sobre el yacimiento de una estrella que se precipitó de los cielos muchísimas eras atrás. Este pacto le permitía a Lurgorria vivir en paz y con prosperidad como el último “Reino de las Estrellas” en pie. Este reino había existido en autarquía durante al menos tres mil años; alejado de toda guerra, de toda zozobra y de todo intento imperial de cuanto megalómano del Valle de Azazomar había existido. Sus fronteras estaban protegidas por altas murallas cristalinas erigidas al pie de la Montañas Rojas, bordéandolas y extendiéndose muy dentro del mar, protegidas por poderes ajenos a la tierra.
Los lurgorrianos vivían bajo la Ley del Pacto y eso les garantizaba eterna fertilidad en sus tierras, ausencia de catástrofes naturales y cura para enfermedades, y si bien este reino tenía un rey, la Ley del Pacto era administrada y ejecutada por la Orden del Templo, a la cual se supeditaba todo. Así que ni bien Elina nació y el mamu llegó a su puerta, fue notificado a la Orden y la niña fue llevada al Templo Sobre la Estrella, un palacio de cristal construido sobre el cráter del astro caído y cuyas raíces iban tan profundo en la tierra que se decía que nunca nadie había vivido lo suficiente para recorrer sus pasillos. Así que Elina fue entregada a la orden para ser criada y educada para sus propósitos y el Rey, murió de viejo y sin prole, por lo que la orden decidió designar a un nuevo soberano de una nueva dinastía.
Elina creció y fue criada con un único propósito: usar sus poderes para el bien del templo. Como todo azti nacido bajo el año de La Reina, sus poderes eran eminentemente psíquicos y muy variados, en contraste con los azti nacidos en el año de El Rey, cuyo control era sobre la materia y la realidad objetiva, los poderes de Elina eran sobre la psique, la realidad subjetiva y la intersubjetiva. Los alcances de sus poderes podían ser infinitos, solo limitados por el tiempo y el espacio de su propia mortal existencia. Pero, el gran secreto del templo y la autocracia de Lurgorria yacía en la misma naturaleza de la estrella sobre la que se erigía: Los cristales que se extendían bajo la tierra tenían una característica maravillosa: Eran capaces de magnificar los poderes psíquicos de los azti de La Reina. La orden usaba este mecanismo para imponer la ley sobre los habitantes de Lurgorria, sobre sus tierras y en sus fronteras.
Desde que pudo pronunciar sus primeras palabras, Elina fue entrenada, educada y disciplinada en el control de sus poderes psíquicos a través de una técnica llamada Denboraren Deia, que permitía alterar la percepción temporal de la mente, acelerando los procesos cognitivos dentro de ella. Así, lo que parecían años dentro del pensamiento, eran días en el mundo físico. De esta manera los miembros de la Orden alcanzaban una gran maestría sobre sus habilidades a corta edad y eran eficaces y productivos tan pronto como hablaban. Esto siempre fue fundamental para la Orden pues, siendo los azti escasos, la probabilidad existencia de uno de La Reina lo era aún más, pudiendo pasar hasta cuatro o más ciclos celestiales antes de que naciera un azti bajo el signo. Mientras, el resto de los azti nacidos en Lurgorria vivían libres y sin límites más que aquellos impuestos por la ley y las fronteras del cristal.
Cuando Elina se integró, la orden estaba compuesta por escasos doce miembros, siendo ella la decimotercera. De entre estos doce miembros, estaba la Lehendakari de la Orden, una mujer adusta, de muy avanzada edad, pero de buena condición física, llamada Danatímaras, quien era la encargada de juzgar y regular todos los asuntos de la Ley. Ahora, de entre las tareas más importantes para la orden estaba el iturri; este era una tarea rotativa para todos los miembros, excepto para la Lehendakari; Era un cargo que se entregaba en una ceremonia durante el inicio del plenilunio de la Luna Grande, y consistía en fundirse psíquica y mágicamente con la estrella, amplificando los poderes del azti y así darle poder a la Ley. La mayor parte del entrenamiento estaba diseñado para ejecutar esa tarea, aprendiendo a encausar sus poderes a través de los cristales de la estrella y cómo expandir su mente a través de ella. Cuando llegaba el momento, el azti designado y su mamu entraban en unos sarcófagos de cristal en las profundidades del templo, donde entraban en un trance a través de la meditación y se conectaban con la estrella.
Pero más allá de eso, lo más importante era entender la labor que se hacía una vez dentro de este Cristal. Para ello, Elina aprendió que todos los seres vivos estaban compuestos de una forma física terrenal y de una forma etérea sideral, y la conjunción de ambas formas creaba la realidad. Todos los seres vivos se conectaban en el plano sideral y vistos desde ese mundo, eran a penas puntos donde líneas de luz se cruzaban. Cada vez que un ser vivo interactuaba con otro creaba una nueva conexión su existencia en el plano sideral se ampliaba pues una parte de sí se conectaba para siempre con otro. En la medida que un ser vivo, durante su experiencia de vida física, extendía sus conexiones y permitía que una parte de sí se extendiera hacia otros, el camino creado por en el mundo sideral permanecería vivo, manteniendo unidos todos los caminos creados a través del recuerdo de su vida en la memoria de otros. Pero, si esta persona era olvidada con el paso del tiempo, su forma sideral se desvanecía y las conexiones que generaba se perdían. Así, el plano sideral era un plano de constante cambio. Visto desde el punto de vista de Los Señores del Cielo, cada ser vivo sería como una flor en un jardín, sembrada y cuidada, cuya vida se podía extender en el tiempo o no.
Ahora bien, los azti tenían una característica especial, pues sus formas siderales eran los mamu. Así, que su yo completo existía en el plano físico, provocando la existencia de poderes Estos conceptos eran de suma importancia dado que con sus poderes psíquicos los azti podían acceder a esa red y sus implicaciones eran infinitas. De manera natural, un azti bajo el signo La Reina podría acceder al plano sideral de sus propias conexiones y navegar a través de él, alterando percepciones, comunicándose con ellos, potenciando sus habilidades, mitigando dolores que les aquejasen o incluso, en algunos casos, curándolos de ciertas enfermedades. Podían llegar al punto de reordenar la mente de una persona cuando algún trastorno la afligía, insertar recuerdos, retirar recuerdos, miles de cosas. Pero, al magnificar sus poderes a través del cristal, un azti podía conectarse con las conexiones de otros en distintos niveles, hasta así alcanzar cualquier parte del mundo donde hubiera un ser vivo, ingresando a su mundo interno y manipulándolo en mayor o menor grado.
Pero, fuera de toda esta labor titánica que implicaba para cualquiera, los miembros de la Orden eran personas de un carácter agradable y cálido. Se les consideraba seres “ascendidos” por su eterna calma y su siempre sonriente rostro, y es que parte del éxito de sus labores se basaba en conservar una gran paz interior y una mente imperturbable. Para eso, el izarazti debía crear un lugar tranquilo en su mente al que llamaban argi-toki, desde donde pudiera comandar su poder. Elina fue especialmente hábil para eso: lograba mantener la cordura incluso situaciones hipotéticas extremas donde todo parecía desmoronarse y venirse abajo. Ella centraba su tranquilidad en la forma de un jardín, bajo un árbol dorado donde siempre era primavera; el árbol era su conexión de poder y cada hoja del árbol representaba una conexión a la que accedía. Además, en ese espacio, Avalador, su mamu, tomaba forma de una mujer, y para Elina, constituyó la figura materna que no tuvo en su infancia.
Pronto Elina creció y alcanzó la madurez mental suficiente para ocupar su lugar en la rotación del Iturri. En su décimo sexto cumpleaños, durante el plenilunio de la Luna Grande, se llevó a cabo el ritual de sustitución. Para ello, existían dos sarcófagos, de manera que la labor del iturri jamás fuera interrumpida. Previo al ritual, Elina debió llevar una dieta muy abundante, aumentando de peso para poder soportar el estado catatónico en el que se sumergiría.
Una vez dentro la cámara de cristal, tanto ella como Avalador tomaron una infusión preparada especialmente para inducir el trance, a continuación, Elina se desprendió de toda su ropa y se recostó, completamente extendida sobre el sarcófago, la Lehendakari colocó una máscara opalescente sobre su rostro y a través de un encantamiento, esta se extendía por todo su cuerpo, como si se tratase de otra piel, y aunque dura por fuera, por dentro era suave y cómoda. Esta máscara permitiría reciclar sus secreciones y regresarlas a su cuerpo para hidratarla. Mientras tanto, Avalador se echó sobre una cuna opalescente que terminó envolviéndolo como si se tratase de un huevo.
En el momento justo antes de que su conciencia se desvaneciera, Elina escuchó a los miembros de la orden recitar:
Bihotza harrira
Gogo izarretara
Gogo eta harri
Bihotza eta Izar
Bat izango dira.
A medida que fue cerrando los ojos y las palabras del encantamiento se repetían en un eco lejano pero sólido, Elina sintió cómo su cuerpo se volvía liviano, tan liviano que parecía que se desvanecía, y entre tanta oscuridad sintió sus pies mojados y de pronto una calidez bañó su cuerpo, proveniente de un punto azul que poco a poco se fue acercando, y cuando estuvo tan próximo a ella como su propia nariz, sintió como el punto azul entró en su frente, y entonces la calidez que la bañaba desde afuera, la sintió también desde adentro. Elina sintió que se elevaba lejos del agua a una velocidad indescriptible, mientras cientos, no, miles o millones de puntos azules llenaban la bastedad de la oscuridad que la rodeaba. Los puntos comenzaron a moverse, bailando una danza aparentemente desordenada, separándose y juntándose en distintas formas. Pero pronto pudo darse cuenta que los puntos azules tomaban posiciones familiares, y notó que eran estrellas, estrellas formando constelaciones y esas constelaciones eran Los Doce Señores del Cielo, danzando alrededor de ella en un ciclo infinito. La danza de las estrellas se aceleró y entonces todo el tiempo bajo sus pies transcurrió, pudiendo observar la historia desde el inicio del Universo.
Observó el nacimiento de las estrellas, del sol, de la luna, observó el nacimiento de las aguas, de los volcanes que se elevaron y formaron la tierra, de las nubes que cubrieron los cielos, pudo ver las primeras aves volar a través de ellos y sentir la libertad de su vuelo. Elina observó a los primeros hombres que habitaron el Continente, observó sus vidas, sus costumbres, y vio con sus propios ojos El Descenso, cuando las doce estrellas cayeron a la Tierra y sus raíces se incrustaron en ella. Vio los primeros reinos que emergieron alrededor de los astros caídos, a los hombres rezarle a los Señores del Cielo, el primer mamu que descendió de los cielos, y cómo la guerra cubrió a los reinos, cómo los hombres se cegaron con el poder de los azti, y cómo Andanor, rey de Lugorria pactó con La Reina, creando un reino alejado de todas las desgracias de la Tierra. Entonces vio generaciones de animales, de hombres, de azti, nacer y morir, y vio su propio nacimiento. Luego, Elina se vio a ella misma, acostada sobre el sarcófago de cristal. Su ascenso en la oscuridad se detuvo y la noche se aclaró, pronto se sintió en un lugar familiar: Estaba en su jardín dorado.
Ilustración del Trance de Elina al Conectarse al Cristal
-Bienvenida, Elina- escuchó la voz de un hombre hablar.
Elina miró a su alrededor y entonces reconoció una figura distorsionada, visualmente atomizada en puntos separados, apenas formando un conjunto único: era Olinón, quien había sido el iturri durante el último año.
-Es hermoso este lugar que has construido-insistió-. Te sientes abrumada por la Gran Historia ¿No es así?
Elina trataba de recomponerse. A pesar de saber que estaba allí, se sentía desvanecida.
-Concéntrate-dijo Olinón-piensa en tu forma física, así te sentirás más cómoda.
-¿Dónde está Avalador?-preguntó Elina, mientras sentía que lo buscaba alrededor.
-Cálmate; concéntrate. Cuando estés relajada él vendrá.
Elina hizo caso a su interlocutor y pronto consiguió la calma que requería. Los puntos dispersos se juntaron, Olinón alcanzó su forma física y ella también. Entonces, sobre ellos, revoloteando, aparecieron Avalador y Kisandor, el mamu de Olinón.
-¿Ves? Allí está ¿Te sientes más tranquila? – extendió su mano – ven, acompáñame.
Elina aceptó la invitación, siguiendo a Olinón en una aparente caminata.
-La primera vez que entras es abrumadora-explicó Olinón- es difícil para una mente conectarse con el todo. A pesar de que nuestro entrenamiento es excelente, la experiencia es única -le sonrió -. Me parece hermoso este lugar que has construido, tiene una belleza singular. Creo que te será útil para mantenerte en paz.
-Gracias- respondió Elina, sintiéndose mejor- ¿Qué hacemos ahora?
Olinón extendió sus manos hacia el frente, haciendo una palmada y luego las abrió: en sincronía con ese movimiento un ventanal oscuro apareció en las paredes blancas del argi-toki de Elina, y entonces pudo observar un basto océano de líneas y puntos de luz que se unían en todas direcciones, apareciendo y desapareciendo, brillando y extinguiéndose.
-Allí está; esa es el plano sideral-indicó Olinón-¿Estás lista para conectarte?
-¡Sí!- respondió con firmeza.
Sus conciencias se trasladaron hacia el plano una vez allí Olinón comenzó a explicar:
-Desde esta posición puedes observar distintas capas en el plano- agitó sus manos como pasando las paginas de un libro -: El plano de conexiones – observó con mayor detalle la red de energía que conectaba todas las formas siderales-, el plano de puntos – mostró cada forma astral como un puntos que parpadeaban-, el cubo del tiempo – mostró cada conexión según su antigüedad, incluso aquellas extintas, todas al mismo tiempo en la forma de un teseracto-, y el plano singular – observó pequeños remolinos que parecían aparecer y desaparecer sin ningún patrón aparente-, donde existen los azti. Cada vez que un azti usa sus poderes puedes observar cómo se abren esos remolinos, canalizando la fuerza desde el plano sideral.
-¿Desde aquí podemos ver a todos los habitantes de Lurgorria?- preguntó Elina, creyendo saber la respuesta.
- Sí, y los habitantes de todas las partes del mundo, más allá de nuestras murallas de cristal- sonrió-. Verás, Elina, estar aquí es un privilegio y una responsabilidad. Somos nosotros los que garantizamos la paz porque podemos ver todo lo que hay más allá de nuestras fronteras; somos nosotros los que filtramos lo que puede hacernos daño o no. Tu labor aquí será garantizar este equilibrio y canalizar tu fuerza para sostener el muro que nos protege. Deberás vigilar cada flanco y a cada persona que se acerque a nuestras fronteras. También deberás vigilar a todos aquí.
-¿Cómo lo hago?- preguntó Elina, porque aún cuando sabía la respuesta teórica, parecía haber muchos elementos prácticos que debía interpretar.
-Es sencillo- sonrió una vez más – aquí puedes llevar tu mente a niveles de expansión que nunca habrías podido imaginar. Serás capaz de hacer mil cosas al mismo tiempo y será tan sencillo como respirar. Solo conéctate a la red sideral – suspiró – Ya debo irme; es tiempo de despertar. Nos veremos en un año Elina, aunque para ti parecerá una eternidad.
Olinón desapareció en una explosión contenida de mil estrellas, y Elina quedó solo en compañía de Avalador. Pero cuando se conectó a la Red Sideral, se dio cuenta de que en realidad no estaba sola: estaba con todos. Básicamente podía sentir lo que otros sentían, ver lo que otros hacían, tocar cada rincón del mundo. Elina viajó por cada camino, por cada bifurcación, visitó cada punto de la Red. Se maravilló con cada cosa que vio del mundo exterior: vio los reinos, vio a los reyes, vio las ciudades libres, vio más allá del mar. Vio los restos de las otras estrellas caídas, vio su pasado, su presente, y vio lo que podían ser sus futuros.
Durante su estadía lo que más disfrutaba era observar a los azti usar sus poderes. Cada vez que lo hacían, la red vibraba como llenándose de más energía y vida. Elina comprendió entonces que los azti eran una bendición de Los Señores del Cielo para mantener la vida en la Tierra.
Un buen día, en la atemporalidad de la red Elina observó un evento explosivo muy atractivo: un azti usaba sus poderes para acceder a la red sideral. Elina lo observó de cerca, intuyendo un peligro, pero pronto se despreocupó al darse cuenta que, aunque usaba la misma técnica de acceso, empleaba la energía para hacer una red de conocimiento y observar el pasado desde el lugar donde estaba. Por mera curiosidad, Elina decidió observar el ritual hasta el final, dada la genialidad de recrear la capacidad de los cristales de estrella a través de luz y agua. La distorsión se hizo fuerte porque el conjuro comenzó a generar daño en quien lo hacía, alterando su conexión con el mundo sideral. Pero fue detenido por su propio mamu.
Pasado el evento, Elina decidió que era suficiente y cuando se dispuso a cambiar de foco se dio cuenta de que el azti había usado el ritual para obtener algo que parecía estar sellado con una gran cantidad de energía. La curiosidad aumentó y Elina decidió poner especial atención en él. Descubrió pronto que lo que se encontraba atrapado era una real excentricidad. Unas piedras que parecían tener energía astral, ya que formaban singularidades constantes en el plano sideral aún cuando no eran azti, y entonces, buscando en el plano temporal se dio cuenta de la aberración que guardaban: las piedras contenían la forma sideral de azti y drenaban energía de la Red.
Horrorizada y a la vez preocupada, Elina comenzó a hacer seguimiento al azti, cuyo nombre e historia supo rápidamente: Era Pavadeva de Parma, un príncipe-mago nacido en el año de El Rey, por obra de otra azti que había descubierto cómo manipular los designios del cielo.
Desde entonces, no hubo un solo momento que Elina no observase a Pavadeva, haciendo un minucioso escrutinio de cada uno de sus pasos y acciones, y a pesar de que no encontró nada extraño, sabía que al tener en su posesión esas piedras y al haber conjurado aquel acceso al plano sideral, sería cuestión de tiempo de que pudiera llegar más lejos.
Así, cada iturri tuvo, después de aquel momento, a Pavadeva como una gran alerta a la paz de Lurgorria. Tres años después del hallazgo de Elina, el Príncipe-Mago se había convertido en el Rey-Mago, y un año más tarde de su coronación, se había revelado en contra de un reino más grande. La Orden comenzó a notar los efectos en la red del uso de aquellas piedras aberradas, cómo eran capaces de canalizar una gran cantidad de energía desde y hacia afuera de la Red Sideral, gracias al hechizo de los cristales de agua que permitían magnificar miles de veces las capacidades de las piedras. Lo que parecía ignorar el Rey (y siendo esto una suerte y desgracia para Lurgorria) era que la energía de la Red también era limitada: Podía arrastrar la energía solo de las conexiones propias de cada azti atrapado en ellas. Cada iturri se tomó la tarea de cercar el alcance de estas singularidades, manipulando las conexiones de la Red, al hacer una muralla psíquica a su alrededor.
Pavadeva se volvió inmensamente podereso, con un ejército de azti a su alrededor. Y un buen día, comenzaron a aparecer nuevas singularidades: Las almas de todos aquellos azti que se oponían a unirse a su reinado, fueron encerradas en otras piedras, creando nuevas singularidades contra las cuales batallar, acrecentando el peligro de que tarde o temprano Pavadeva encontrarse el acceso a la Red Sideral y con ello la entrada a Lurgorria. Ya no era suficiente un solo izarazti para cercar las singularidades y cada vez era más difícil hacer el cerco preventivo.
Entonces, lo que tanto temían sucedió: Pavadeva descubrió que la los Cristales de Agua le daban acceso al plano sideral y comenzó a explorarlo. Increíblemente aprendió a navegarlo y ante esto la Orden cambio de estrategia, decidiendo que la mejor opción era que la mayor parte de los miembros ingresaran al cristal para maximizar la capacidad de análisis y alcance sobre la Red, creando ilusiones psíquicas y alterando el plano sideral para evitar que Pavadeva tuviera más poder. Elina, al ser la menor, fue dejada afuera para que atendiera los asuntos físicos de la Orden.
Pero, tras un par de semanas de que la Orden ingresara al cristal, Elina recibió una alerta desde el plano sideral: Pavadeva había encontrado a Lurgorria y estaba decidido a tomarla. De hecho, sucedió tan rápido que ya estaba en avanzada realizando un ataque sobre los muros del Reino, por múltiples flancos, y no estaba solo.
La Lehendakari envió una instrucción directa y concisa a Elina: No había nada que hacer, ni podían proteger al reino de lo que estaba por avecinarse. Pero era absolutamente necesario que Pavadeva no pudiera apoderarse del corazón del cristal y Elina debía protegerlo. Entonces, la Lehendakari le contó una última historia a Elina: Andanor, Primer Rey de Lurgorria, había sido un Handazti, esa extraña recurrencia del plano sideral cuando un azti recibe para sí todos los dones de los señores del cielo, y en su sabiduría había decido autoimponerse un burdin-lotura, entregando su alma como fuente de poder para crear Lurgorria. La Lehendakari le indicó a Elina la ubicación exacta del talismán del Andanor en las profundidades del Templo Sobre la Estrella, debajo del sarcófago principal del iturri. Después de eso hubo un silencio absoluto desde el plano sideral.
Elina se apresuró y cuando llegó a la cámara de los sarcófagos encontró que los miembros de la orden estaban en estado catatónico y sus mamu estaban petrificados. Entendió que habían sido atrapados en el Plano Sideral y que eso solo significaba que Pavadeva había deshecho el muro. Entonces, Elina abrió el compartimiento secreto que estaba debajo del sarcófago, creado con mil sellos de cristal. Se detuvo por unos instantes y pensó cuidadosamente en lo que debía hacer: Entró en un proceso acelerado de meditación y se conectó con el Talismán, tratando de acceder al conocimiento que este guardaba. Entonces, tuvo la respuesta: Elina se colgó el talismán del cuello y visualizó el lugar a donde debía ir. El tiempo y el espacio se alteraron, y una fuerza enorme la empujó a ella y a Avalor al vacío. La izarazti sintió como la energía la quemaba en todas direcciones, y de golpe cayó sobre un pasto húmedo y suave. Sentía cómo la piel le ardía y veía borroso. Solo escuchó la voz de una mujer que preguntaba: ¿Estás bien? A penas y podía sostener su conciencia; se vino en vómito. Lo último que escuchó fue a la mujer llamando a una tercera persona:
-¡Aoleón, debes venir a prisa!
Entonces, Elina se desmayó, con el amargo saber que Lurgorria había caído.

Mi favorito hasta el momento.
ResponderEliminar¡Qué bien que te haya gustado!
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