La Danza de la Piedra
Pocos o ningún registro quedan de los primeros reinos que se formaron en el continente. El último de ellos fue Lurgorria, oculto a la vista y conocimiento del mundo hasta que el Emperador Pavadeva lo conquistó. Ni siquiera hay registros de sus ubicaciones. Tan solo persisten leyendas y algunas ideas de dónde pudieron florecer, de dónde cayeron las doce estrellas y lo que pasó después con ellas.
De hecho, luego de la conquista de Lurgorria, el mismo Pavadeva invirtió esfuerzos en la búsqueda de estos reinos, debido a una información interesante que encontró en el Templo Sobre la Estrella que insinuaba la posibilidad de que otros reinos estuvieran ocultos. Sin embargo, fuera de estos legendarios dominios, los registros guardados en los cristales del templo hablan de los Cuatro Principios de la Energía, que regían todos los actos de los seres vivos en todos los planos y reinos, y su uso y descubrimientos, estaban atados a una leyenda que, por sobre todas, llamó la atención al Emperador: Ardilurra “El Reino de las Ovejas”.
La leyenda rezaba que en las Llanuras de Pandomar existió un reino pobre, de tierras poco fértiles, con una situación geográfica de importancia nula y cuyo pueblo apenas subsistía del pastoreo y, escasamente, de la agricultura. Las poblaciones se desplazaban durante periodos para no agotar la tierra y por esa razón jamás se habían asentado en una gran ciudad. El Señor de estas tierras era conocido como Ardi-jaun o “El Rey de las Ovejas”, a modo de burla, por los otros señores de Pandomar; De hecho, era una Rey con poco poder, pero mantenía su autoridad como producto del desinterés absoluto que había sobre las llanuras yermas donde gobernaba.
Los ardilurrianos vivían con poquísimos recursos y gracias a esa condición, quizás, desarrollaron una cultura y un sentido de unidad muy diferente al de los reinos vecinos. El “Señor de las Ovejas” más allá de ser una fuente de “poder y obediencia” era una gran “patriarca”, símbolo de orden, sapiencia y justicia. Pero, aconteció una vez que una gran sequía azotó las llanuras y la gente de Ardilurra se enfrentó a la hambruna y la desesperanza. Se dice que el “Señor de las Ovejas”, viendo a su pueblo sufrir, ofreció su propia vida si era necesario para que todo parara. Entonces, en una noche de finales del año de El Herrero, el “Señor de las Ovejas” murió repentinamente, dejando a una esposa con seis meses de embarazo y a un heredero de catorce años, Tsuó Anam, quien debió tomar las riendas de las caravanas. La tristeza embargó a todos y durante el tradicional funeral donde quemaron sus restos, la “reina”, como si ya no tuviera suficientes desgracias, sufrió de un derrame, adelantándose el parto. Cuando por fin pudo el bebé salir, un ave plateada y bronce se posó sobre el lecho de parto anunciando que el recién nacido sería un azti.
Oé Anam fue su nombre, en honor a su difunto padre, y Eoanor, el del ave, siendo recibidos como una bendición ante la serie de desgracias que habían sufridos los pastores de ovejas. Y con buena razón, ya que a medida que fue creciendo, los poderes del azti de El Herrero, fueron convirtiéndose en una piedra fundamental para todo su pueblo. Como todos los nacidos bajo signo del Señor de los Metales, Oé Anam, descubrió que podía manipular la materia según sus deseos y pensamientos, dándole formas y propósitos solo limitados por lo que su mente fuera capaz de imaginar, y si bien es cierto, no había otro azti entre ellos que pudiera enseñarle los secretos de sus poderes, el Pueblo de las Ovejas estaba lleno de hombres ingeniosos que habían sido forjados en la adversidad, allí donde la escasez de recursos les obligaba a buscar soluciones, a veces, inverosímiles; esto empujó a Oé hacia el reino de la inventiva y la creatividad, explotando al máximo su capacidad para crear y aportar.
Oé usó sus poderes para crear herramientas sofisticadas que les permitían a los pastores aprovechar al máximo los recursos que tenían: creó artificios que capturaban la humedad del aire en las zonas secas, haciendo que los rebaños siempre tuvieran agua sin importar si estaban o no cerca de algún arrollo; creó máquinas capaces de disminuir los procesos manuales para la producción de lana, la molienda de semillas. Inventó carromatos tan ligeros al moverse que no generaban movimientos internos, permitiendo el transporte de elementos frágiles.
Así, para cada problema donde era necesaria la fuerza humana, o donde los elementos limitaban, Oé Anam producía, según su mente le permitía, una solución, y mientras su hermano gobernaba justamente, él se convirtió en la mano derecha, indiscutible, del Rey. Así, el “Pueblo de las Ovejas” floreció con calma, sin abandonar sus costumbres, pero mejorando su forma de vida.
Pero, mientras Ardilurra vivía en tranquilidad, los otros Reinos de las Estepas de Pandomar, se enfrentaban entre sí, por el control de las Ciudades de Las Estrellas. Esto no habría, en ningún punto, afectado a Ardilurra, dada la poca importancia que tenían sus tierras en todo el conflicto, de no ser porque las guerras demandan hombres para ser llevadas a cabo: Uno de los reinos vecinos empezó a crecer en poder y alcance sobre los otros reinos, y a medida que se acentuaban los conflictos, el rey comenzó a incursionar en las tierras yermas para cazar hombres y convertirlos en esclavos. Fueron varias oleadas, en un inicio unos pocos hombres de algunas caravanas, pero con el pasar de los meses, ovejas, recursos e incluso mujeres y niños.
Entonces, Tsuó Anam, decidió cambiar las rutas de movimiento de las caravanas, tratando de despistar a los cazadores. Por un tiempo pareció funcionar, pero cada vez se volvieron más hábiles, cercándolos, tendiéndoles trampas y a veces matándolos a mansalva. Luego, trataron de establecer puntos de centinelas, para advertir sobre las incursiones, logrando disminuir considerablemente la cantidad de asaltos.
Pero, una noche, a pesar de toda la vigilancia, la propia caravana del ardi-jauna tuvo un intento de asalto: los cazadores aparecieron de la nada, cuando todos dormían. Habían logrado matar a los centinelas antes de que avisaran. Los miembros de la caravana se defendieron, y Oé Anam usó sus poderes para crear escudos, armaduras y espadas de piedra para cada hombre y mujer de la caravana; pelearon como pudieron, logrando incluso matar a algunos de los asaltantes. Sin embargo, los cazadores eran mucho más ágiles de lo que los pastores podían siquiera pensar y los fueron diezmando, acorralándolos desde todas direcciones. No quedaban más que un puñado de cien personas, de entre las cuales pocos eran hombres en edad y fuerza de pelear, y justo cuando el sentimiento de derrota los embargo, Eoanor le reveló a Oé un secreto sobre su poder natural:
-La materia no es más que la forma física de la energía.
Oé entendió inmediatamente el pensamiento de Eoanor y entonces concentró su atención en toda la energía que había a su alrededor, así que se conectó directamente con todos los miembros de la caravana que quedaban y empujando desde el fondo de la tierra, hizo emerger cien guerreros de piedra alrededor de ellos. Entonces, Eoanor agregó:
-La energía recuerda lo que la mente de los hombres no.
Entonces, Oé Anam escuchó una melodía en su mente, y su cuerpo de manera involuntaria comenzó a moverse en una danza rítmica y precisa, haciendo que los guardianes reaccionaran como si se trataran de marionetas controladas por cada uno de los pasos del baile. Los cazadores, aunque sorprendidos, se dispusieron a atacar, pero los Guerreros de Piedra anticipaban sus movimientos y copiaban sus técnicas, y en menos de lo pensado, todos los cazadores fueron asesinados, y mientras melodía se desvanecía en la cabeza de Oé, Eoanor agregó algo más:
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| Algunos de los pasos de la Danza de la Piedra |
-La Energía no se muere, no se destruye, solo se transforma.
Así que Oé Anam, hizo un último movimiento para cerrar la danza y de cada cazador caído, se levantó un halo de luz, y cada halo de luz se depositó en el corazón de cada Guerrero de Piedra. Cada grieta dibujada por las rocas apelmazadas se iluminó y los seres antropomórficos suspiraron, como si un aliento de vida los poseyera. Oé Anam entendió que la energía de los Cazadores había sido depositada dentro de cada Guerrero, dándoles autonomía.
Esto les hizo ganar tiempo, recuperar fuerzas y menguar las pérdidas en las caravanas. Tsuó y Oé planearon todos los desplazamientos por el territorio, tratando de que cada cierto tiempo las caravanas fueran capaces de coincidir en un punto y aprovechar la defensa de Oé. A medida que fue dominando la técnica, el azti descubrió que aún en la distancia, era capaz de dominar a los Guerreros de Piedra, y con cada ataque nuevo que recibían las caravanas, Oé fue capaz de crear cada vez más soldados.
Pero la estrategia de los cazadores cambió, y comenzaron a llegar por legiones. Sin bien, la mayor parte del tiempo, Oé era capaz de repelerlos, otras, la cantidad de ataques simultáneos lo dispersaba o el cansancio lo debilitaba. Tsuó estaba consciente de que no podían vivir así para siempre, ya que a pesar de que los Guerreros de Piedra eran certeros y eficaces, siempre dependían de Oé para actuar, y también vaticinó que los ataques crecerían en retaliación a los cazadores que no regresaban. De modo que, después de mucho meditarlo, Tsuó le pidió a Oé que hiciera algo impensable: Era necesario establecer a las caravanas que restaban en un punto donde pudieran defenderse y contraatacar, dejando atrás la vida nómada que los había caracterizado desde siempre.
Exploraron por un par de meses para determinar la mejor ubicación dónde juntarse; la condición ideal era la existencia de rocas y metales para que Oé pudiera manipularlas, y esto complicaba más aún la situación ya que las llanuras carecían de recursos minerales. Pero, un día, después de tanto buscar, descubrieron unas cavernas subterráneas que conducían a vetas de cuarzo, hierro y sal. Entonces, Tsuó convocó a todas las y explicándoles el plan, les pidió que cedieran parte de su energía para que Oé Anam pudiera trabajar. Durante varios días, Oé les enseñó los pasos del baile, para garantizar que la sincronicidad de los movimientos le permitiera canalizar la mayor cantidad de energía posible.
Cuando todos hubieron aprendido los pasos de baile, incluso Tsuó, Oé Anam los dispuso a todos los pastores en círculos concéntricos a su alrededor, y por fuera de ellos, a los Guerreros de Piedra, como un escudo protector. Eoanor se elevó sobre él y comenzó a cantar la suave melodía que coordinaba los pasos, y por su parte Oé inició la danza y junto a él, los pastores sincronizaron los movimientos, haciendo que la tierra comenzara a elevarse y los metales se separaran de ellas, los cristales se pulieran y las sales se diluyeran, y como de una gran obra, durante varios días, con poco descanso, Oé y los pastores bailaron, y con sus movimientos erigieron muros, construyeron herramientas y crearon espacios para vivir: Así, de una danza, nació la primera y única ciudad de Ardilurra.
En un principio el plan dio resultado, y gracias a los muros de la ciudad y al ejército de piedra situado en ellos, lograron defenderse de los ataques de los cazadores, ni un solo ardilurriano más fue capturado. Los cazadores eran tomados por sorpresa cada vez que se acercaban a los muros, ya que de ellos emergían los guerreros de piedra, matándolos y aprisionando su energía; Los pastores, entonces, sintieron que habían vencido. Sin embargo, dos cosas transformaron la sensación de victoria en angustia. La primera de ellas fue externa, pues al cortarse el flujo de esclavos, producto de las defensas instauradas, ya no solo fueron cazadores los enviados, sino que comenzaron a llegar legiones enteras, y más tarde, al correrse la historia del Ejército de Piedra, Ardilurra dejó de ser una tierra sin importancia y comenzó a generar deseos en el resto de los señores de Pandomar. El segundo asunto que complicó la situación, fue algo interno: Los Pastores comenzaron a enfermarse por el hacinamiento, y el sedentarismo trajo problemas gravísimos en las caravanas, principalmente de convivencias, y luego por escasez de recursos, incluyendo a Oé Anam, quien contrajo un mal que lo debilitó.
Con cada ataque externo, Oé Anam era capaz de incrementar su ejército de piedra, pero al mismo ritmo, crecía su enfermedad. El azti, cuyo poder e ingenio parecían infinitos, no encontraba solución a un simple dilema: cómo vivir en paz. Todas sus creaciones estaban orientadas a sobrevivir, a defenderse de sus atacantes, y a encerrarse cada vez más en los muros de aquella quimérica ciudad, pero siempre dependían de él y de su poder para controlarlas. Ante esta situación, Eoanor le reveló un último secreto:
- Una parte de ti se crea con aquello que has creado.
Entonces Oé Anam, le propuso a Tsuó una solución más radical: Debían encontrar un lugar donde vivir, lejos de todos los que los atacaban, una tierra donde pudieran estar en paz. Pero esa tierra no estaba en ningún lugar específico sobre la faz de la tierra, por lo que la propuesta de Oé era vivir bajo ella.
Tsuó, convocó a todas las caravanas y junto con Oé explicaron el increíble plan, y aunque muchos se negaron, algunos aceptaron con facilidad. Oé les ofreció a los que se negaban que podían irse, si así lo querían, pero que consideraran que la opción inmediata era la esclavitud eterna.
Así que un buen día, a los ojos de un ejército que atacaba, Oé Anam se paró sobre los muros de aquella ciudad construida de la nada, y comenzó a bailar, conjurando los flujos de energía que había a su alrededor, y convocando a los Guerreros de Piedra hacia el interior de la ciudad, haciendo pensar a su enemigo que se retiraban. Los Guerreros de Piedra se apelmazaron, uno sobre otros en doce grandes monolitos alrededor de la ciudad, uniendo sus corazones de energías en uno solo y así se formaron doce Titanes de Piedra, mientras que Oé Anam y Eoanor se elevaron sobre la ciudad, y las rocas que aún permanecían en suspensión se unieron a ellos, y así el azti y su mamu se transformaron en el último Guerrero de Piedra, creando un Burdin-Lotura sobre sí mismo. A continuación, los Titanes se agacharon y con sus manos abrazaron a la ciudad, cubriéndola por completo, y en un movimiento sincronizado, la ciudad se sumergió bajo la tierra, sin dejar rastro alguno de que alguna vez hubiera existido.
La leyenda de Ardilurra sobrevivió gracias a aquellos que aceptaron la esclavitud, hasta que llegó a manos de la Orden de la Estrella. Incluso, sobrevivieron algunos pasos de la Danza de la Piedra, y aunque nunca fueron capaces de conectarse con ellos, los Miembros de la Orden creían que la ciudad aún existía y que vagaba bajo la tierra.


Buen final. Sigue escribiendo!
ResponderEliminarYa nos acercamos al final de la serie. Sumando "De Algún Modo", nos quedan solo 3 historias por contar.
EliminarMe encantó.👍
ResponderEliminar¡Me alegra que te haya gustado!
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