El Heraldo

Apaiza - "La Sacerdotisa"
10ma Señora del Cielo


   El tercer tipo de azti que resultó un misterio para la Hazkuntza fue el de aquellos nacidos bajo el signo de a La Sacerdotisa. Aunque fueron capaces de cultivarlos, cuando alcanzaban los doce años ocurría algo espectacular: los niños desaparecían. Así de simple, se desvanecían como burbujas de jabón cuando explotan.
 
  ¿Las razones? Incomprendidas ¿A dónde iba? Nadie podía determinarlo. Usaron diversos encantamientos, diversos talismanes, pero nada daba resultado. No saltaban en el espacio, ni tampoco en el tiempo; no se trasladaban entre planos, ni siquiera eran capaces de rastrearlos en el plano sideral: Los niños simplemente desaparecían.

   Por otra parte, había algo sumamente extraño alrededor de estos azti: No había ningún registro de ellos, ni siquiera había una consideración mínima acerca de su existencia, ni siquiera en los Registros de Lurgorria había una mención clara, más allá de que fueron el décimo tipo de azti en aparecer. La única referencia que había venía de una suposición de Ápalo de Saen, tal como lo hiciera con La Madre. Para esto, Ápalo escribió un tratado, basado en las leyendas antiguas, donde describía, muy especulativamente, algo llamado “La Interacción de Planos”. En este tratado Ápalo elucubraba sobre una clasificación de los azti y sus poderes: Los nacidos en los años de El Guerrero, el Rey y el Herrero pertenecían a un eje que llamo “Lo Material”, pues sus poderes estaban enfocados al manejo de la realidad física. Por otra parte, los nacidos en los años de El Agricultor, La Doncella y el Navegante, pertenecían a “Lo Servicial”, ya que sus habilidades estaban orientadas a ayudar a la humanidad. 

   Así mismo, los Nacidos bajo el año de “El Sabio, La Reina y la Jueza” se agrupaban bajo “La Conciencia”, pues manejaban la mente y las interacciones de los pensamientos humanos. Finalmente, el último grupo sobre el cual Ápalo no alcanzó a escribir fue sobre uno al que él llamo “El Abismo”, pero que esbozó que eran los Azti que tenían poderes más allá de la comprensión del mundo. Solo teorizó dos de ellos: La Madre y El Pescador, aunque de este último tuvo dudas porque no le convencían sus postulados, y luego murió, sin teorizar nada sobre La Sacerdotisa. 

   Con estas pobres referencias, la Hazkuntza inició una investigación poderosa, criando a sesenta azti bajo el signo de la Sacerdotisa y durante cuatro Ciclos del Cielo lo intentaron, tratando de producir la mayor cantidad de azti para lograr un estudio concreto, pero ciclo tras ciclo ocurría lo mismo, sin cambio, sin información. Esto constituyó el caso más frustrante que alguna vez enfrentó la Hazkuntza o el mismísimo Pavadeva. Porque, en otros casos como el de los nacidos en el año de La Madre, que por las fechas nunca habían podido generar, o el de los nacidos bajo el signo de El Pescador que, aunque fue difícil al inicio, habían podido incursionar en el Plano Espiritual e incluso extraer energía de él a través de los bidutzi

   Así, los “Hijos de la Sacerdotisa” fueron renuentes en revelar su naturaleza. Intentaron someterlos a entrenamientos tempranos con la intención de presionar sus poderes antes de la “Partida” (como empezaron a llamarle a la desaparición), y aunque demostraban tener gran habilidad para las prácticas universales de la magia, una energía extensa y un aguante extraordinario, nada más salía de allí. Estos fueron forzados a hacer cualquier cantidad de hechizos y sometiéndolos a prácticas, incluso, más difíciles que las que alguna vez impusieron a los pescadores. Usaron como sede de este proyecto un templo en las montañas al Noroeste de Parma, donde no había ningún contacto con ciudades o centros poblados, con el fin de que ningún factor externo afectara el experimento. A los niños, decidieron nombrarlos según números por el orden su nacimiento, utilizando la lengua antigua de Azazomar. Así el primero se llamó Bat, “uno” y el último Hirurogei “sesenta”. A partir del segundo ciclo se les enseñó sobre el ciclo anterior y se les alertó sobre “La Partida”, adiestrándolos de tal manera de que, si tenían una forma de volver, lo hicieran.

   Para el cuarto ciclo, un par de semanas antes de que la Teserastra se atravesara en la constelación de La Sacerdotisa, hubo una noticia reveladora: durante una incursión en el Plano Espiritual un “Pescador” tuvo un encuentro con una niña que respondió al nombre de Zazpi, con la que tuvo una breve conversación. Todas estas incursiones eran perfectamente documentadas y depositadas en una argi-gune hecho cristal que acompañaba al incursor, donde se guardaban sus memorias y observaciones, y eran narradas. Así que esta información fue enviada por la Hazkuntza a Dímanos, el Preceptor del proyecto de La Sacerdotisa con el fin de que la considerara. 
  
   La memoria comenzaba relatando el origen de la incursión, indicando que el Pescador había sido proyectado en el Valle de Sukal, una de las regiones del Plano Espiritual que hasta ahora habían sido cartografiadas. El propósito de su proyección era acercarse a un “Torre de Ojos”, que eran unas estructuras del mundo espiritual donde habitaban unos espectros llamados “Los Ojos” cuya actividad principal era mirar a través de las almas y prepararlas para su renacimiento. Se había descubierto que estas torres eran los centros que atravesaban el Baramendu, la membrana permeable que separaba el Plano Existencial del Plano Espiritual. En lo que respectaba a la memoria, relataba una incursión de investigación bastante rutinaria, podría decirse: el pescador se dedicó a observar y relatar sus alrededores. Lo interesante ocurrió casi al final de la memoria, cuando el pescador identificó a una figura peculiar: Una niña, vestida con una túnica verde y con la cara, brazos y pies (al menos eso se podía ver) tatuados. Al principio se mostró esquiva pero pronto buscó acercarse cuando vio al pescador.

-¿Quién eres tú? – preguntó la Niña

-Soy un pescador – respondió el incursor - ¿Tú quién eres?

-Yo soy Zazpi – respondió

-¿Qué haces aquí?-preguntó el pescador

-Aquí vivo, por el momento-respondió.

   La conversación fue interrumpida por un sonido estruendoso proveniente de la torre que indicaba el cumplimiento de un ciclo espiritual. La niña se alejó corriendo, y como si fueran varios destellos, hizo saltos a través del Valle. Luego de eso, el incursor trato de ubicar a la niña, pero no fue capaz de hacerlo. Pronto su luz guía se apagó y el pescador tuvo que proyectarse de vuelta al plano existencial.
A pesar de que la imagen estaba un poco difusa por ser una memoria de cristal, Dímanos pudo identificar el rostro de la niña y en efecto su nombre era Zazpi, y era del primer ciclo de los Hijos de la Sacerdotisa. El Preceptor quedó maravillado con aquella idea porque, zazpi había desaparecido hace casi treinta y seis años ¿Cómo era posible que aún fuera una niña? Eso implicaba dos posibles hipótesis para la Hazkuntza. La primera de ellas era que  estos azti no envejecían, lo cual, aunque explicaba este fenómeno, contravenía la naturaleza efímera de la vida mágica. La segunda hipótesis, consistía en la atemporalidad del Plano Espiritual, y esto coincidiría con la descripción realizada por Ápalo sobre el cuarto grupo de azti, y la naturaleza de los Poderes (aunque no comprobados) de La Madre y del Pescador. Pero, esto tampoco explicaba cómo habían llegado al Plano Espiritual, y si es que todos habían llegado, porque hasta el momento solo era una aparición de zazpi, dado que los poderes de los azti no se repetían, pues solo los Pescadores podían saltar al Plano Espiritual.

   Así que ante tantas interrogantes Dímanos decidió contactar con la administración principal de la Hazkuntza y solicitar un grupo de pescadores, cuantos fuera posible para acompañar la próxima fase del Proyecto de La Sacerdotisa. Luego de un informe detallado, fue aceptada su petición y en menos de un mes tres pescadores llegaron al Templo de Las Montañas.

   El Preceptor organizó a los quince niños en grupos de cinco, comandados cada uno con un pescador. Entonces, los días antes de la partida organizó sesiones de entrenamiento donde los pescadores les enseñaron todo lo que sabían sobre el mundo espiritual, especialmente, algunos encantamientos que les permitían comunicarse entre ellos una vez en ese lugar. El protocolo era simple: De caer en el mundo espiritual, lo que debían hacer era comunicarse con el pescador asignado y entre ellos, sin importar el lugar donde estuvieran. Para que así les pudieran seguir el rastro.

   Entretanto, el Preceptor comenzó a realizar más investigaciones, revisando especialmente toda la documentación recabada sobre el Plano Espiritual: Las descripciones del mundo encontradas en Lurgorria hablaban de fuerzas equivalentes y equipotentes que regían el mundo, de cómo el Plano Sideral ejercía poder sobre el Plano Existencial y esta relación generaba la densidad potencial suficiente para genera el equilibrio en el universo. Además, las investigaciones sobre el Plano Espiritual habían descubierto el Baramendu, una membrana mágica que separaba el Plano Existencial del Espiritual, pero al mismo tiempo los conectaba, y aunque había también una interacción entre el Plano Existencial y el Sideral, el proceso en el Plano Espiritual era más permeable, haciendo una especie de “Ósmosis” entre los dos Planos, permitiendo la ida y venida de Energía y a veces el solapamiento de realidades, explicando la aparición de espíritus y fantasmas en el Plano Existencial. }

   Ahora bien, la existencia de los bidutzi, había proporcionado otra arista importante a la situación: había vida en el Plano Espiritual, pero esta vida no tenía representación el Plano Sideral, ni extraía energía de este, sino de algo más. Por lo que, la ecuación estaba incompleta. Así que el Preceptor, como buen Hijo del Sabio teorizó la existencia de un Cuarto Plano, usando la Ley Lurgorriana de la Equivalencia y la Equipotencia, llamando a este plano “El Abismo”. En Teoría, este “El Abismo” debía ser completamente equivalente al Plano Sideral y, para que los Hijos de la Sacerdotisa existieran en el Plano Espiritual, estos debían extraer energía de tal Plano.

   Dímanos calculó cientos de modelos, teorizando cada arista posible desde su entendimiento, usando como analogía los comportamientos observados en el Plano Sideral: Las redes de energía, las interconexiones, los límites de este y sus alcances. Inclusive, pensó que los bidutzi posiblemente se organizarían según los azti y por cada uno de ellos en el Plano Espiritual, habría una contraparte en el Plano Existencial. Además, aunque sin pruebas, teorizó la existencia de seres similares a los mamu, que conectaran a los bidutzi con “El Abismo”. 

Teorización Coplanar de Dímanos


   La cantidad de hipótesis que pasaron por la cabeza del Preceptor fueron inmensas, pero solo una pudo fascinarlo tanto como aterrarlo: Si sobre el Plano Sideral existían Los Doce Señores del Cielo, ¿Habría la posibilidad de que sobre el Plano Abismal existieran seres supraexistenciales como Los Doce Señores del Cielo, unos “Doce Señores del Abismo”? Era una pregunta cuya respuesta le erizaba la piel. Si bien, Los Señores Celestiales eran, según todas las leyendas y el entendimiento universal, los creadores de todo, no podía haber nada por encima de ellos, pero, quedaba la duda de por qué los bidutzi no estaban conectados al Plano Sideral. Así que, el Preceptor envió sus consideraciones al comité central de la Hazkuntza, con el fin de que las tomaran en cuenta en su tratamiento con los bidutzi, y aunque aún no tenía pruebas concretas, sentía que había una gran posibilidad de encontrarlas.
Los días corrieron rápido y la Teserastra finalmente se posicionó sobre la constelación de La Sacerdotisa. El Preceptor reunió a los niños y a los pescadores, repasaron instrucciones: Una vez que “partieran” y de llegar al mundo espiritual, debían conjurar un encantamiento de localización que le permitiría a los pescadores encontrarlos. Se prepararon con comodidades en un salón; incluso, hubo dulces y buena comida, ya que el Preceptor consideró que quizás sería la última vez que los niños probarían los sabores del Plano Existencial. Luego de esto, todos se sentaron y asumieron una posición meditativa, en formando un círculo alrededor de cada pescador. Los mamu de los niños se echaron al lado de cada uno de ellos, mientras que los mamu de los pescadores se pararon sobre sus hombros. EL Preceptor calculó justo el tiempo y entonces, cuando la Teserastra encajó perfectamente en la constelación, los niños y sus mamu desaparecieron. A continuación, los pescadores se pusieron de pie, agitaron sus manos formando los símbolos diseñados para rasgar eficientemente el Baramendu formando trazos verdes en el aire por donde los dedos de los convocantes pasaban, luego, con un par de trazos más, los pescadores crearon sus faros, unos encantamientos que permitían que sus mamu los acompañaran temporalmente al Plano Espiritual y así mantener la “luz” que les permitía existir allí. Entonces, los mamu saltaron dentro de los faros y enseguida los pescadores lo hicieron dentro de los portales, desapareciendo ante la vista del Preceptor.

   Aran, el primer pescador, encargado de Berrogeitasei (Cuarenta y Seis) a Berrogeitamar (Cincuenta) se transportó a la Montaña de los Caídos, una zona del Plano Espiritual donde se concentraban las reminiscencias de todos los monstruos antiguos que alguna vez poblaron el Plano Existencial. Desde allí invocó el hechizo de comunicación, lanzando una extensión de faro sobre la montaña para que los niños la pudieran ver.

  Sua, la segunda pescadora, encargado de Berrogeitamaika (Cincuenta y uno) a Berrogeitamabost (Cincuenta y Cinco), se proyectó sobre las Planicies de Izareroriak, donde yacían los vestigios de las Estrellas que alguna vez cayeron en el Plano Existencial, y al igual que el primer pescador, convocó una extensión de su faro para que los niños pudieran verla.

   Finalmente, Itor, el tercer pescador, encargado de Berrogeitamasei (Cincuenta y Seis) a Hirurogei (Sesenta), se proyectó sobre la zona donde habían visto a Zazpi, esta vez un poco más cerca de la Torre de Ojos, habiendo sido planificada esta proyección por el mismo Preceptor. Del mismo modo, el pescador tomó una extensión de su faro y lo lanzó a las alturas, pero con una pequeña modificación: El Preceptor le había sugerido que, en vez de usar luz amarilla, usara luz verde para invocar el hechizo, de manera que no llamara la atención de Los Ojos, y que, además, estuviera muy atento a sus alrededores.
Adicionalmente Dímanos había hecho una marca-talismán llamada Denbora, sobre cada niño, un encantamiento extraño y poco útil que llevaba el registro del tiempo transcurrido desde que había sido puesto en la piel de su portador, con el fin de comprobar cualquier alteración temporal que ocurriera en los niños.
   Los tres pescadores aguardaron, repitiendo el encantamiento de señalización a la espera de que los niños aparecieran. Entonces, Itor hizo una observación inesperada: Observó un grupo de bidutzi que corrían y detrás de ellos comenzaron a formarse unos portales purpúreos , no muy lejos de él, y algunas criaturas extrañas emergieron de ellos; no tenían una forma estable, se recomponían constantemente absorbiendo elementos de su rededor, pero principalmente consumiendo a los bidutzi, y cada vez que lo hacían, aumentaban de tamaño y abriendo sus bocas lanzaban haces de luz que abrían nuevos portales de donde más engendros salían. Las criaturas comenzaron a rumiar todo a su paso, moviéndose como un enjambre o una parvada de aves en sincronía de un lado a otro. Pronto, se sumó a la inesperada observación un par de figuras humanas que comenzaron a dar saltos como los descritos por el pescador que observó a Zazpi, atacando a las bestias y destruyéndolas. El grupo de figuras era mullido y atacaban a los engendros púrpura de forma organizada, así que Itor solo pudo pensar que se trataban de guerreros entrenados.

   La escena se volvió confusa, a medida que los “guerreros” atacaban a los engendros, más portales se abrían, uno tras otro, proyectando más criaturas al plano espiritual. Entonces, un portal enorme se abrió, y una criatura ciclópea comenzó a emerger, tan deforme como las anteriores, pero sus dimensiones eran abismales, incluso superiores a la Torre de Ojos. El Valle de Sukal empezó a estremecerse como si de un terremoto se tratara, cada vez que una de las partes caóticas de la bestia emergía del portal. Cada golpe estremecía el entorno con mayor poder, al punto que la Torre de Ojos comenzó a perder partes, cayendo sus piezas lentamente.

   De pronto, uno de los “guerreros” convocó un amplio hechizo, que crecía como una malla luminiscente, y esta comenzó a atrapar a los engendros. Itor quedó fascinado por aquella imagen, pero también notó una diferencia sustancial entre ese guerrero y los demás: Este superaba en tamaño a los otros, casi duplicándolos.  Y entonces se dio cuenta de que se trataba de un hombre adulto mientras que, del resto, supuso que eran los niños. Pero ¿Podría ser?

   Itor trató de acercarse para poder detallarlos mejor, pues tenía que asegurarse de que en efecto fueran los niños. Sin embargo, la pelea se volvía cada vez más confusa, porque si bien habían logrado controlar a los engendros pequeños, la criatura inmensa seguía su curso fuera del portal. Entonces, observó cómo todos se reunieron alrededor del hombre adulto y convocaron un gran hechizo, muy similar al de un faro de luz, y en seguida, de los niños comenzaron a brillar símbolos en su cuerpo y estos se separaron, elevándose hacia la luz que se formaba encima del hombre adulto. Así, los “tatuajes” salidos de cada niño comenzaron a tomar forma y se transformaron en mamu, y estos todos juntos se juntaron en un mamu “gigante” dentro del farol, y una vez formado, este abrió su boca y lanzó un gran alarido que luego se transformó en un haz de luz e incidiendo directamente sobre el engendro gigante, cerró el portal que lo unía al Plano espiritual, cortando las partes que se habían proyectado. Después, el mamu gigante se desintegró y los tatuajes volvieron a los niños.

   Aunque pensó que todo había terminado, pronto percibió que las partes del engendro comenzaron a atomizarse, formando pequeñas criaturas que retomaron la marcha en su ataque al Plano Espiritual. Los pequeños guerreros siguieron batallando, destrozando cada una de las criaturas. además, observaba cómo abrían pequeños portales para devolver los restos de los engendros de donde sea que hubieran salido.

   Cuando volvió a percibir una cierta calma, intentó acercarse, pero esta vez repitió su hechizo del faro, tratando de llamar la atención de los niños, y así lo hizo. Todos comenzaron a moverse hacia él, incluso el adulto, pero ya su luz se estaba acabando, así que decidió abrir el portal para volver al Plano Existencial, y aunque no pudiera ver a los niños de frente, sabía que eran ellos. 

   De repente, sintió un dolor muy fuerte en la espalda, junto a un chillido sordo. Vio en la lejanía cómo los niños comenzaban a saltar, mientras él volvió su cara y se vio atrapado por un engendro que lo había atravesado directamente desde el dorso hasta el abdomen. Enseguida, el portal hacia el Plano Existencial lo absorbió y junto a él la criatura. Del otro lado, se consiguió con la cara de asombro del Preceptor quien a través del portal observó al Itor, a la Criatura, a los niños, y entonces uno de ellos convocó un encantamiento que formó una especie de arpón y este se clavó sobre la criatura, tirando de ella, separándola del cuerpo del Pescador y halándola de nuevo hacia el Plano Espiritual. Dímanos, anonadado por la visión, alcanzó a reconocer la cara de los niños, eran exactamente los mismo que habían desaparecido ante sus ojos no hacía mucho tiempo.

  El portal se cerró e inmediatamente otros dos se abrieron, trayendo de vuelta a los otros dos pescadores. Dímanos se avocó entonces a la herida de Itor que, de una manera extraña, resultó ya no estar más, pero él estaba sumergido en un estado catatónico. Pronto, lo llevó a un cuarto para atenderlo. Contó a los otros dos pescadores lo que había sucedido y obtuvo de vuelta comentarios sobre cosas extrañas que ellos también habían percibido: destellos púrpuras en la lejanía, sacudidas del Plano Espiritual que jamás habían percibido, y uno de ellos, Sua,  trajo consigo algo en un saco, que decidió mostrárselo al Preceptor: Envuelto en un encantamiento que replicaba una esfera contenedora del Plano Espiritual, había un pequeño engendro, muy similar a la criatura de tamaño mediano que estaba adherida a Itor

   Intrigado por esta situación, Dímanos convocó un cristal de memoria para observar todo lo que había acontecido en el Valle de Sukal, y lo que se desplegó ante sus ojos fue aterrador y maravilloso: En primera instancia entendió que los azti de La Sacerdotisa podían existir en el Plano Espiritual, porque aquello era la prueba de que allí estaban. Además, eran capaces de coexistir con sus manos, adheridos a su cuerpo como si se trataran de tatuajes, siendo equivalente a lo que los bidutzi hacían cuando entraban al Plano Existencial. Por otra parte, dedujo la Atemporalidad del Plano Espiritual, pues los niños parecían tener una eternidad en ese lugar ya que las denbora que les había colocado habían desaparecido, y estas habían sido convocadas para durar al menos novecientos años, de modo que, en ese plano el tiempo no transcurría como en el Plano Existencial, y era posible que una vez proyecado en ese lugar, se mantenía el mismo aspecto con el que se llegó; era como si el tiempo se detuviera. Asimismo, su poderosa mente intuyó que el azti adulto que los acompañaba era un Pescador, por la manera en la que había convocado un faro de luz, algo que solo los pescadores podían lograr. Por lo que, el único pescador que le llegó a la mente, que pudiera hacer dicha proeza era nada más y nada menos que Arrantz, uno de los dos pescadores que habían descubierto el Plano Espiritual.

   Finalmente, lo más grandioso de su conclusión fueron los engendros. Estas criaturas tenían un tipo de energía distinta a cualquier cosa que hubiera visto antes. Al analizarla, notó que la energía era complementaria a las energías del Plano Espiritual, tal y como lo eran las energías del Plano Sideral al Plano Existencial. Esto corroboró la hipótesis de un Cuarto Plano, de ese “Abismo” cuya naturaleza parecía ser caótica y voraz, origen de engendros que devoraban todo a su paso, en contraposición al Plano Sideral, lleno de una energía creadora, formadora y de orden. Esto significaba que había descubierto el origen de la energía de los bidutzi, y, por tanto, el posible acceso a una fuente de energía gigantesca para los azti. Con esta información y haciendo un informe detallado, envió de regreso a los otros dos pescadores hacia el comité central de la Hazkuntza, en Parma, con la imperiosa tarea de anunciar a Su Majestad, el Emperador Pavadeva, el descubrimiento del Plano Abismal.

 Dejando de lado la investigación sobre los hijos de La Sacerdotisa, Dímanos se centró sobre el engendro y sobre el estado catatónico del Pescador. Condujo un sinfín de experimentos con el objetivo de entender la naturaleza de la energía Púrpura, a la que terminó llamando Kaos. Notó que la energía parecía comportarse de forma similar sin importar su receptor: Tanto el engendro como el azti pescador reaccionaban de la misma manera a cualquier estímulo. Entonces, el Preceptor teorizó que esta energía podría estar interconectada con todos los seres que habitaba, por lo que, si lograba, de alguna manera, conectarse con su esencia, sería capaz de entender qué había más allá en las entrañas del Abismo. Pensando en esto, convocó un argi-gune, utilizando como correceptor a Itor, pero en vez de usar luz, utilizó Kaos como centro del hechizo. Cuando todo estuvo listo, se conectó al lazo.

   Dentro de la mente del pescador tuvo visiones terribles, mirando directamente al Abismo, donde descubrió los horrores que lo habitaban, los monstruos originarios que habían formado el universo. Descubrió terrores que iban más allá de la comprensión humana, entidades tan desagradables que de solo verlas comenzaron a carcomer su mente. El Preceptor logró mirar la continuidad de la existencia y la composición del Universo: El Plano Sideral era el centro de la creación y de él manaba todo lo que existía, mientras que el Plano Espiritual era una Membra que protegía al Plano Existencial de lo que había fuera: El Abismo, un plano lleno de voraces bestias que consumían todo a su paso, y era la fuerza de los Doce Señores del Cielo los que permitían a ese universo existir en medio de aquel horror.

Distribución Esférica de los Planos

   De pronto fue expulsado del trance por algún agente externo y cuando volvió en sí, se vio rodeado de aquellos niños que alguna vez había entrenado. Algunos de ellos sosteniendo el cuerpo del pescador y otros tomando la esfera que contenía al engendro. Detrás los niños estaba el hombre adulto que había visto en las memorias del pescador. Este se acercó y le dijo:

-Has hecho algo que traerá consecuencias terribles al mundo. Debes morir.

-Pero ¿Qué es lo que he hecho? – se apartó aterrado ante las declaraciones del extraño hombre.

-Te has convertido en un ojo para que los Horrores del Abismo observen lo que hay en nuestro mundo. Has visto su existencia a través de sus engendros, pero ellos también has visto la nuestra a través de ti.

-Pero yo puedo ayudarlos. Yo he visto lo que son y he entendido cómo funciona el universo ¡Sé que ustedes son los guardianes del Mundo Espiritual! – señaló – tú eres Arrantz, de los Primeros Pescadores que llegaron al Plano Espiritual y ustedes son los Hijos de la Sacerdotisa, ustedes tienen el poder para detener a los engendros del Abismo.

-Has visto demasiado. Ahora ellos están en tu mente; te poseerán y harán de ti su heraldo, serás el canal que traiga a las bestias y acaben con nuestro mundo. Solo mira tus ojos – hizo un espejo con agua y le mostró cómo sus ojos se habían vuelto púrpura.

   Los niños comenzaron a convocar un hechizo de red, similar al que habían hecho para atrapar a los engendros en el Plano Espiritual, lanzándolo sobre Dímanos

-¡Esperen, Por favor! – gritó desesperadamente, mientras la red se apretaba sobre su cuerpo y comenzaba a quemarle la piel.

Entonces, en un último grito, toda su piel se tornó púrpura y ante los ojos de los hijos de la Sacerdotisa, se desvaneció en una explosión de gas purpúreo.
}
-Hemos llegado tarde- aseguró Arrantz -Han conseguido crear un Heraldo. 

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