El Regalo
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| Gerraria "El Guerrero" 1er Señor del Cielo |
Poco se sabe, a ciencia cierta, del origen de la Gran Magia, pero bastante se ha estudiado sobre su naturaleza, sus efectos y las relaciones entre los mamu y los azti. Sus nombres y términos provienen de la lengua antigua, utilizada por los primeros habitantes de los valles de Azazomar que según cuentan leyendas fueron los que recibieron las bendiciones de los Señores de los Cielos.
La historia más difundida y creída es la de un joven muchacho cuya granja era azotada por nómadas bandidos; cansado de pagar tributos en especias y sangre, el joven rezó día y noche durante meses a cada uno de los Señores de los Cielos para que le dieran la fuerza y la valentía de enfrentar a los bandidos y defender a su familia. Así, para el tercer mes del año del Guerrero, cerca del amanecer, cuando su último hijo nació, en el lecho del parto un ave plateada y exuberante entró por su ventana, posándose en la orilla de la cama. El ave cantó:
Reproduce el vídeo para escuchar las palabras del ave.
Zeruko mamua naiz eta zure semea azti bat izango da
“Soy el espíritu del cielo y tu hijo un mago será”
Bere kidea izango naiz eta zure semea iaioa izango da
“Seré su compañero y tu hijo hábil será”.
Hau zeruko opari bat zaizu. Zeruko Jaunek entzun zaitu
“Este es un regalo para ti. Los Señores del Cielo te han escuchado”.
Hura eta ni arima bakarra gara
“Él y yo somos una misma alma”
Edonora joango da hura, ni joango banaiz ere
“Y a donde quiera que él vaya, yo también iré”
Baita heriotzara ere
“Incluso a la muerte”.
Así, el recién nacido obtuvo la bendición de los cielos y se convirtió en el primer azti. On lo llamo “Opari” (Regalo). Desde temprana edad demostró tener grandes capacidades: movía objetos con la mente, incluso los más pesados, podía desplazarse muy rápido, y a medida que fue creciendo, descubrió que podía conjurar distintas habilidades, entre ellas, ayudar a los cultivos a crecer. Pero su padre lo educó con un único propósito: enfrentar a los bandidos, y cuando el momento llegó, su hijo lo hizo sin ningún problema. Sin siquiera acercárseles logró vencerlos solo con el poder de su mente y su rapidez, haciendo que huyeran despavoridos. On nunca estuvo tan feliz y con tanta calma.
Pero poco tiempo después una gran sequía azotó a la región, seguida de una hambruna. Era imposible cultivar la tierra para cualquiera, excepto para la familia del azti, quien con sus poderes conjuraba humedad y ayudaba a crecer las plantas. Sin embargo, pronto se debilitó y tanto él como el mamu cayeron enfermos. Así descubrieron dos cosas importantes: La primera fue que las únicas habilidades que podía ejercer sin debilitarse eran la fuerza (cuerpo y mente) y la rapidez, pero el resto de las habilidades consumían de él energía, tal y como si fueran trabajos comunes. Así que, tras su recuperación, su padre decidió no forzarlo tanto, pero sí ayudar a que entrenase su poder como si se tratase de un músculo y un oficio.
Entre tanto, la sequía no amainaba y algunos pobladores del valle comenzaron a acercarse a la granja en busca de alimentos. Al principio, On se mostró reacio, pero su hijo, el azti, lo convenció de albergarlos. A On le preocupaba el esfuerzo que tuviera que hacer su hijo para hacer que los campos crecieran y los animales se reprodujeran. También pensó que, aunque en un inicio eran pocas personas, esto pronto traería a más pobladores del valle y eventualmente atraería bandidos.
Sin embargo, Opari se esforzó cada día más para dominar su fuerza y su debilidad. Aprendió que, si comía suficientes cantidades al día, tenía la fuerza para hacer crecer los cultivos y encausar el agua, sintiéndose más confiado cada día de lo que podía hacer. Ahora bien, tal y como lo intuyó On, más y más pobladores comenzaron a conglomerarse alrededor de la granja y con el paso de los meses comenzaron a asentarse, hicieron casa, talaron bosques alrededor y armaron más campos de cultivos.
La granja de On se convirtió en una especie de Santuario donde los otros pobladores iban a pedirle al azti que bendijera sus campos e hiciera fluir el agua de la tierra. Pronto se volvió rutina y tanto On, como Opari y el resto de su familia se vieron en vuelto en labores diarias de organización, de supervisión y de distribución de la fuerza de su hijo. Así lograron crear un pequeño oasis en medio de años de sequía, manteniéndose de alguna forma ocultos y sin ser notados.
Opari aprendió a conjurar el agua desde el fondo de la tierra y así creó pozos a lo largo del valle, disminuyendo su carga de trabajo forzado. Aún así los pobladores del valle continuaban visitándolo y pidiendo su consejo, clamando por justicia y pidiéndole intervención en conflictos. Opari se convirtió en una figura de autoridad y finalmente de poder, cuando una horda de bandidos quiso saquear el valle y él los detuvo casi sin ningún esfuerzo. En ese momento los pobladores se dieron cuenta que el azti era mucho más que alguien daba agua y hacía crecer con rapidez los cultivos, se dieron cuenta que el azti era su protector.
Opari fue aclamado y posteriormente proclamado Rey, y así vivió su vida: enterró a sus padres, desposó a una joven mujer y tuvo varios hijos. Pero para su tristeza, ninguno de ellos heredó sus dones. Con eso aprendió una tercera cosa muy importante: Los dones del cielo no pasaban de padre a hijo.
El Azti envejeció y pronto comenzaron las preocupaciones acerca de qué pasaría cuando él muriera ¿Quién los protegería? Así, Opari decidió crear un ejército, entrenar hombres para que supieran defender el valle cuando él no estuviera. Educó a su hijo mayor en todos los asuntos, en cómo ordenar los cultivos, cómo encontrar el agua en tiempos de sequía.
Cuando alcanzó una edad muy avanzada cayó en cama, agotado pero feliz de una vida tan larga y buena, y ordenó que, en su lugar, una vez él falleciera, su hijo debería gobernar. Y así, Opari, hijo de On de Azazomar, murió de un suspiro y junto a él, el mamu. Su cuerpo se convirtió en polvo escarchado y fue arrastrado por el viento.
Esa misma noche nacieron unas mellizas en el valle Azazomar y dos mamu descendieron del cielo, posándose en el lecho de parto de la madre y diciendo:
Zeruko mamuak gara eta zure alabak aztiak izango da...
“Somos espíritus del cielo y tus hijas magas serán…”
Así el mundo aprendió una cosa más: Cuando un azti muere, nacen otros más.



Bellisimo!!!
ResponderEliminarBuen relato, Good job!
ResponderEliminar¡Gracias por leer!
EliminarEl audio esta brutal! Parece q se viene una seguidilla de historias!
ResponderEliminarEl audio es en Euskera. Lo usé como idioma de referencia para "una lengua antigua". Ya que siempre se usa el latín, decidí hacer algo un poco diferente.
EliminarIncreíble el audio! Felicitaciones.
ResponderEliminar¡Gracias! Está en Euskera. Es la lengua que usaré como referencia de "lengua antigua". Descarté el uso de el latín y quise hacer algo un poco diferente.
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