Las Doce Estatuas

   
Nekazaria "El Agricultor"
12do Señor del Cielo
Zodiaco Anbatar


   En el año del Agricultor, el último de los 12 del ciclo bilunar, nacieron durante el primer día del último mes, bajo el plenilunio de las dos lunas, seis niños y seis niñas en una aldea de Anwamanar, al pie de un pico nevado. Esto pudo haber pasado desapercibido, porque más allá de ser 12 nacimientos simultáneos en un pueblo pequeño, no tendría nada de especial. Sin embargo, esa misma noche 12 mamu (espíritus) también llegaron a la aldea y se posaron sobre el lecho de parto de cada mujer, anunciando que los recién nacidos serían azti (magos). En otros tiempos esto habría traído un gran júbilo y la noticia se habría esparcido hasta los confines de aquel reino, pero en ese momento, si bien no era el más sombrío que el mundo había vivido, era un tiempo oscuro: Una gran guerra había asolado a los reinos de las montañas, incluyendo a Anwamanar, haciendo que los magos fueran reclutados desde niños para servir las órdenes de Su Majestad, el Rey Pavadeva.

   Así que los padres de los niños, temerosos de que sus hijos les fueran arrebatados, guardaron en secreto sus naturalezas mágicas, cada uno sin saber del otro, y oraron a los espíritus para que tomaran formas simples y discretas. Pero, también decidieron ocultarles a sus hijos su propia condición. El pasar del tiempo les dio la razón pues, unos pocos años después, la guerra recrudeció y el Rey Pavadeva comenzó a vencer uno a uno sus enemigos, conquistando (según él) o arrasando (según los rumores) cada reino al que vencía. Algunos decían que Pavadeva era un Handazti (Gran Mago) pues corría el rumor inexacto de que su nacimiento había sido durante una Gran Conjunción, pero esta no ocurriría sino hasta dentro de 60 años. Otros, con mayor discreción, comentaban que el poder de Pavadeva venía de la práctica pervertida del burdin-lotura o “lazo forzado” que consistía en capturar a un mamu una vez que se le presentaba a un recién nacido, usando un ritual de separación que inicia con el asesinato del niño y luego con la aleación del espíritu y un talismán. Ahora, sin importar lo que fuera o tuviera, el Gran Rey Pavadeva gobernaba y sometía a casi todas las naciones de las montañas, gracias al ejército de azti que lo acompañaban.

   Los doce niños crecieron tranquilos en aquella aldea remota en el interior de Anwamanar y a medida que la guerra se fue desplazando hacia otros reinos y el poder centrándose en la Capital, más tranquilidad se iba posando en la aldea. La magia comenzó a penetrar sigilosa en la vida cotidiana de la aldea: las cosechas fueron mejores cada año, las calamidades cesaron. Durante varias primaveras no hubo enfermos, incluso cuando plagas azotaron al reino. Los aldeanos comenzaron a creer que se debía al dios de las nieves que habitaba en la cima de la montaña. Incluso, construyeron un templo rudimentario en una cuesta escalonada que, año tras año, fue atrayendo peregrinos que buscaban una bendición similar para sus aldeas.

   Dieciséis años duró la paz y la abundancia en la aldea, pero al comenzar la primavera del decimoséptimo año, durante los bailes de la estación, los azti, coincidieron sin saber, o por predestinación, bajo las Cintas de las Parejas. La música comenzó y con ella vino el canto y el baile de los jóvenes: su actuación fue absolutamente sincronizada y su voz entonó en una sola frecuencia, y a medida que iban avanzando en la canción, se compenetraron más y más entre ellos.

   Lo primero que ocurrió fue que doce aves de distintos colores se acercaron al lugar de baile y comenzaron a volar, una sobre cada cabeza, siguiendo el círculo de los jóvenes mientras se encintaban. Las aves acompañaron los cantos, en un tono levemente distinto, pero haciendo una armonía con el tono principal. Luego, el tronco que fue usado para atar las cintas, comenzó a retoñar y de sus retoños ramas y flores, e incluso crecieron frutos de distintos tipos y variedad. 

   A todas estas, los jóvenes siguieron bailando y cantando como si supieran lo que estaban haciendo, mientras que los aldeanos miraban fascinados lo que ocurría. Una luz comenzó a manar de cada ave encima de ellos y sus rayos lentamente arroparon a los bailarines, hasta que desde fuera solo fueron visibles sus siluetas. Era imposible determinar cuál era cual, ni siquiera era posible diferencia entre mujeres y hombres, y entonces cuando la luz alcanzó su mayor luminiscencia la canción se tornó en una música leve y una voz resonó en la mente de todos los que allí estaban:

Cuando el Guerrero se suba al Primer Árbol
Y tome con su mano el Gris Arcano
Se posará sobre un lecho muerto
Un Espíritu sin Amos
No tendrá origen ni destino
Pero tendrá la fuerza de mil magos
Y será quien decida el camino
Quien venza al Rey Corrupto
Y entregue las luces de tres mil años

   Súbitamente la tonada se detuvo, la luz desapareció y los frutos, las flores y los retoños se marchitaron. El tronco se volvió piedra y con él, los doce jóvenes y las doce aves se unieron formando estatuas con las formas de algún Señor del Cielo: El Guerrero, el Sabio, la Doncella, la Madre, el Rey, la Reina, el Herrero, el Pescador, el Navegante, la Sacerdotisa, la Jueza y el Agricultor. A medida que los peregrinos fueron pasando por la aldea, la historia se fue esparciendo y con ella la profecía. Y poco a poco se fue asociando al “Rey Corrupto” con el Rey Pavadeva. Así cuando llegó a oídos de este, su reacción fue de inmensa furia y quiso borrar todo rastro de aquel lugar. Mandó a sus soldados, desde los más débiles hasta los más fuertes, pero todos regresaban con la misma historia: Por más que trataban de derrumbas las estatuas, estas se volvían a armar. No importaba qué daño físico o mágico se les hiciera, el hechizo que pesaba sobre aquellas piedras era impenetrable. El Rey Pavadeva, harto de la situación decidió ir el mismo al lugar y usar todo su poder para acabarlo, pero igualmente fracasó; no había manera de dañar o destruir las estatuas y cada vez que se las atacaba, una voz fuerte y resonante repetía la profecía.

   Así que Pavadeva tomó una decisión extrema: Ordenó asesinar a todos los habitantes de la aldea y destruir todos los caminos que accedían a ella. Además, conjuró una ilusión protectora de manera que un bosque inmenso creciera alrededor para que nada ni nadie pudiera acceder aquel lugar. Fue así que Pavadeva siguió su reinado de terror y conquista mientras la Profecía de las Doce Estatuas se convirtió en un mito.

Comentarios

  1. Respuestas
    1. Por ahora es una serie de 13 cuentos que tengo en mente :) Así que vendrán varios.

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  2. Que lindo hijo, te felicito, me super encanto!!!

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  3. Que bien, te felicito por tu elevada imaginación!... pero una pregunta... continua?... aparecerá el Guerrero?

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    1. Continuará. Pero no inmediatamente. Es una serie de relatos que acontecen en un mundo mágico. Están planificados unos 13 relatos y estos se irán tejiendo hasta concluir.

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  4. Te felicito, tienes una elevada imaginación, me encanto! ... Continua? Vendra? el Guerrero?

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