Lazo Forzado
![]() |
| Jakintsua "El sabio" 2do Señor del Cielo |
Pendapor no era la ciudad más grande y suntuosa jamás construida, pero era, quizás, la más interesante y dinámica de su época. Situada en la Bahía de las Tres Gargantas, sobre el cabo Este, floreció como una Ciudad Estado alejada de todo el drama y las guerras que envolvieron por cientos de años a los países del interior del continente. Gobernada por un Consejo de Navegantes y comerciantes y profesando la libertad dentro de sus fronteras, Pendapor se convirtió en un paraíso para todo el mundo, incluyendo a los azti.
En Pendapor se fundó la primera Escuela para Azti que no servía a ningún régimen, Aztikastetxea. Fue creada por 7 azti provenientes de distintos reinos del interior del continente, con el objetivo de educar a los místicos para que ejercieran sus poderes con libertad, fuera de la esclavitud o la persecución estatal. El espíritu y la intención era la de devolver a los azti su libertad y reconocimientos originarios: que pudieran usar sus poderes según la necesidad, según la ayuda que pudieran brindar y según su propio deseo.
Así que Áztikas, como era llamada comúnmente, se transformó en un centro de referencia para la magia en todo el continente y se convirtió en la sede de la biblioteca de artes místicas más grandes del mundo. Poderosos místicos se formaron dentro de sus paredes, algunos incluso fueron reconocidos como los más capaces de la historia, como por ejemplo el Azti Psasamaleón quien logró dominar las aguas tras un maremoto y detener un tsunami que estaba destinado a arrasar con todas las ciudades de la Bahía de las Tres Gargantas. También se menciona a Kantos, el Azti que dominó los misterios del cuerpo y lograba curar mortales enfermedades, entre ellas el caso más icónico: Curó la infertilidad del Rey de Parma, evitando una guerra de sucesión que pudo haber acabado con la paz de los Altos del Valle de Azazomar. También se reconoce a Leomar, una poderosa azti cuyos poderes de vida le ayudaron a crear un método para depositar magia en talismanes, tal y como si fueran baterías, y así usarlas en momentos de debilidad de los místicos.
Pero de entre tantos azti, hay uno que poco se menciona, cuyo poder y conocimiento transgredieron incluso las leyes naturales y podría decirse que impactaron al mundo de maneras jamás conocidas: Bétiko de Pendapor. La historia de su vida inicial no es relevante ni interesante de por sí: Fue un azti nacido en el seno de una familia de comerciantes, no muy acaudalados pero lo suficiente como para vivir bien en aquellos tiempos. Nació a la media noche de un día en el año de “El Sabio”, con la Luna Grande menguando y la Pequeña en su plenilunio, por lo cual el cielo le otorgó un carácter sobrio, una personalidad calmada y el poder natural del entendimiento, la telepatía y omnilingüismo, los poderes de un jakin-azti. Su mamu, a quien llamó “Edonor”, era un ave majestuosa de plumaje verde metalizado. Tan pronto como llegó al mundo, su familia lo notificó al lehendakari (Mago Superior) de Áztikas, quien les instruyó llevarlo a la escuela una vez que alcanzara los 8 años. Sin mayor duda, la instrucción fue acatada al pie de la letra y como cuando Bétiko alcanzó la mentada edad, al amanecer, fue dejado en la puerta de Áztikas para iniciar formalmente su educación.
Durante sus años de academia no hizo nada relevante más allá de sus habilidades propias Era un ratón de biblioteca y consumió, según dicen algunos, cada libro que encontró en los rincones de Áztikas. Su mayor interés fueron las Artes de la Metalurgia, fuera de sus poderes propios, con lo que aprendió a crear todo tipo de artilugios y talismanes para encerrar encantamientos y poderes temporales. También dedicó tiempo y esfuerzo a las Artes de la Vida, dedicando sus ratos libres a crear juguetes encantados: Adoraba crear marionetas semivivas, con cierta autonomía. Le ayudaban a entretenerse en su autoimpuesta soledad y con el paso del tiempo le permitieron crear un miniejército de asistentes usando baterías mágicas, lo cual le fue de gran ayuda una vez egresó de la escuela y regresó con su familia, donde se dedicó al negocio familiar. Gracias a estas creaciones, Bétiko mejoró la productividad de los negocios de su familia y su fortuna creció, y como todo azti con poderes de sabiduría, guardaba con recelo sus propios hechizos.
Bétiko tuvo una vida tranquila y corriente para ser un místico, el cielo lo bendijo con una esposa dulce, una buena fortuna y una vida en una época sin conflictos. Nada más tenía que pedir, nada más tenía que buscar, excepto un hijo. Durante 15 años intentó tener un hijo con su esposa y nunca pudo. Trataron de hacer mil cosas, e incluso consultaron a numerosos azti, creyendo que se tratase de algún problema de infertilidad. La única esperanza o respuesta la recibieron de una Azti con poderes de premonición que les dijo que se trataba de un deseo del cielo. Que sí, tendrían un hijo y que era muy probable que este sería también un azti, algo extremadamente poco común. Así que Bétiko fue paciente y siguió intentanto, hasta que un par de años luego, cuando las estrellas llegaron de nuevo a un año del Agricultor, su esposa quedó embarazada y los augurios dijeron que sería una niña. La felicidad colmó su hogar y su vida, finalmente Bétiko podía decir que su existencia era completa y afortunada.
Los meses pasaron en un abrir de cerrar de ojos y cuando menos los esperó los dolores de parto se presentaron. Bétiko había preparado todo para ese momento: contrató a la mejor partera, encantó numerosas marionetas que ayudarían a su esposa a cuidar a la niña. El fue cayendo lentamente y las labores de parto se fueron alargando. La partera indicó que habría algunas complicaciones pues la niña se rehusaba a salir. Bétiko hizo algunos encantamientos para aliviar el dolor de su esposa y ayudar a la bebé a salir, y de pronto, Edonor cantó como nunca había cantado y por la ventana del cuarto donde yacía su esposa, entró un ave tamaño medio, de plumaje rojo y un copete blanco, anunciándose como un mamu y confirmando que nacería una niña. Su esposa pujó fuertemente y en la partera hizo lo suyo. Entre los alaridos y quejidos, la mujer se desmayó y la partera se levantó con la criatura entre los brazos. Pero no hubo llanto alguno y Bétiko observó cómo el mamu que sería el compañero inseparable de su hija, se desplomó sobre sí mismo, anunciando lo que irremediablemente sería la muerte de la recién nacida.
La partera se halló con los ojos llenos de lágrimas y repitiendo con profundo dolor: Lo siento, mi señor. Bétiko no podía creer lo que estaba pasando, sintió cómo su cuerpo se llenaba de un calor intenso producto de la mezcla de emociones. Tomó a la niña entre sus brazos y también cogió al ave, salió corriendo de la habitación y se fue a su taller. Se sentó en un sillón y comenzó a llorar. Su mente no dejaba de revisar todo lo que había pasado, pero al mismo tiempo, como buen sabio, comenzó a pensar en la solución al problema. Así, en su mente, Bétiko fue juntando pedazos de información de todos los libros que había leído en la vida y a construir una idea.
El Jakin-azti se levantó del sillón y se puso a trabajar: rápidamente juntó los materiales y armó una marioneta, tan parecida a una niña como pudo, y la puso junto a cadáver de su hija, extrajo un poco de sangre de la niña y lo depositó en el centro de la marioneta. Con una mano conjuró un hechizo de manipulación y levantó al mamu muerto e hizo que aire fluyera por su garganta para usar sus cuerdas vocales como un instrumento. Así, logró que el ave pronunciara el juramento: Zeruko mamua naiz… Mientras con la otra conjuró un hechizo de transferencia, el mismo que utilizaba para animar a sus marionetas, pero lo modificó levemente para que, en vez de generar un ser semivivo, transfiriera el alma de su hija muerta a la marioneta.
El esfuerzo para conjurar ambos hechizos era descomunal y Bétiko sentía cómo drenaba energía de su cuerpo. A fin y al cabo era un hechizo que conjuraba múltiples habilidades. Por un momento pareció resultar y la marioneta comenzó a llorar como si fuera un bebé. La emoción de Bétiko al notar que aquello que había pensado podía tener éxito, fue increíblemente grande y le permitió, gracias a la adrenalina, conservar fuerzas para mantener el hechizo.
Finalmente, el mamu revivió y se puso de pie. Bétiko emocionado corrió hacia la marioneta, pero se dio cuenta que esta no reaccionaba, no lloraba más. Sin embargo, el mamu seguía de pie, y también observó que la sangre que había colocado dentro de la marioneta se consumía lentamente. Por un momento el jakin-azti sintió una gran frustración, pero pronto su poder de entendimiento le hizo saber qué era lo que ocurría: Su hija jamás viviría, sin embargo, una parte de ella podría permanecer en la tierra y esa parte era su mamu. Bétiko entendió que el mamu estaba atado a la sangre de su hija y que su existencia sería tan limitada como la sangre se lo permitiese, así que decidió hacer algo mucho más discreto y transformó la marioneta en un talismán, con un recipiente de cristal en su interior, donde depositó la sangre de su hija y lanzó sobre él un hechizo de expansión lento que permitiría a la sangre crecer al mismo ritmo que iba a ser consumida por la existencia del mamu.
Bétiko tomó el cadáver de su hija y seguido Edonor y del mamu de su hija, la volvió la habitación donde estaban su esposa y la partera. Conjuró un hechizo de olvido para la partera y le pidió que se retirara de casa, luego conversó con su esposa y le explicó todo lo ocurrido, dándole como regalo el talismán y el mamu, a quien llamaron Pandora, el mismo nombre que usarían para su hija. Ambos juraron jamás decir una palabra sobre eso, y decidieron no intentar tener más hijos.
El tiempo pasó haciendo que Laila, la esposa de Bétiko, y Pandora se hicieran inseparables. Parecía como si fuese su propio mamu y eso fue un gran consuelo para ellos. Un día, mientras se encontraba en el jardín interno de su casa, haciendo algo de jardinería previo al inicio de la primavera, sembró algunas semillas florales y tratándola con cariño les dijo: Quiero que crezcan hermosas y llenen este jardín de alegría. Entonces, súbitamente, Pandora emitió un canto ensordecedor y las semillas brotaron y crecieron, convirtiéndose en plantas adultas e incluso florecieron. Laila, aterrada y sorprendida, corrió hacia el taller de Bétiko donde le contó lo ocurrido. Bétiko examinó la situación y se dio cuenta que la magia que hizo crecer las plantas provenía de Pandora y del talismán. Para comprobarlo le pidió a Laila que repitiera la situación para examinarla más de cerca y así lo hizo: sembró las semillas, pronunció las palabras, Pandora gritó y las plantas crecieron. Pero de inmediato notó con su telepatía algo siniestro: Aquel acto le causaba un dolor terrible a Pandora, la consumía, la quemaba por dentro y cuando indagó más al fondo de sentimiento, descubrió que el alma de su propia hija también sufría, atrapada en aquel talismán.
Bétiko quedó horrorizado al presenciar aquella escena y de inmediato lo comentó a su esposa. Ambos decidieron que era necesario romper su promesa y llevar el caso ante el lehendakari de Aztikás, un hombre viejo, polímata de las artes místicas que, escuchando el caso, determinó que aquello que Bétiko había hecho era un Arte Pervertida, un burdin-lotura (lazo forzado) que causaba dolor y daño al mamu al obligarlo a permanecer en este mundo sin su azti. Además observó que esto impedía que nacieran nuevos azti en el mundo, y que si ese conocimiento caía en las manos equivocadas podría generar una tragedia terrible para la humanidad, considerando que esto permitiría que la magia, un bien escaso y poderoso, cayera de manera indiscriminada e inconsciente en las manos de personas que no sabrían manejarlo.
El lehendakari le pidió a Bétiko hablar a solas, pero él ya sabía cuál era la solución obvia al problema: Bétiko tenía que ocultar esta verdad y la mejor manera de hacerlo era borrando la memoria de su esposa y encerrando la propia, ya que la memoria de los azti no podía ser borrada. Además, también debía liberar a Pandora, pues entendió que el mero hecho de vivir causaba dolor al alma de su hija.
Así que ambos acordaron hacer lo que era necesario: la memoria de Laila fue borrada y en su lugar fueron implantados recuerdos falsos, entre ellos la muerte de Bétiko. Mientras él mismo se dirigió a Aztikás y con la ayuda del Lehendakari conjuraron un hechizo de encierro y él y Edonor fueron encerrados en un talismán de mil sellos y guardados en las bóvedas encantadas de Pendapor para que nadie pudiera utilizar jamás los horrores de un lazo forzado.



Queeee! (SPOILER ALERT)
ResponderEliminarQue dolor q Laila piense q su esposo murioo! Que historia tan genial! Falta ver q pasa con esos 1000 sellos jajaja suena a un CONTINIARA
La historia del Talismán, obvio que sí. No debe ser fácil quitar esos 1000 sellos.
EliminarSe me ocurren buenas ilustraciones para estos relatos.
ResponderEliminarCréeme que a mí también. Me imaginé todo mientras lo escribía. Mi parte favorita es, sin duda, la de las marionetas.
EliminarQuedé con ganas de saber maas jaja Muy bueenoo!! ahora quiero la continuación y q va a pasar con el talismaaan :O
ResponderEliminarLa historia del talismán tendrá continuación. Pero son relatos autoconcluyentes; dejan rastros para historias alternas y quizás subsiguientes, pero no continuaciones.
EliminarExcelente...estoy viendo potencial bélico aquí...jajajajajajaj
ResponderEliminarY no te equivocas, hay un alto potencial bélico.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar