De Algún Modo
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| Arrantzalea "El Pescador" 8vo Señor del Cielo |
A pesar de los esfuerzos de grandes pensadores e investigadores por documentar y esclarecer el origen, la naturaleza y el alcance de los azti, aún abundan los misterios. No todos resultan ser iguales, ni aún cuando hayan nacido bajo el mismo signo. Si bien Pasión de Parma intentó determinar los patrones que regían sus vidas, y descubrió la similitud de las habilidades de cada signo, la amplitud y el impacto de cada poder era sumamente variable. Por esta razón, las escuelas como Aztikás o la de Parma se enfocaron en, cada una a su forma, en promover el autoconocimiento y la réplica de prácticas universales.
Esto se hizo más evidente cuando el número de azti incrementó gracias la Hazkuntza, un proceso de “cultivo y cría” de azti, iniciado por el Emperador Pavadeva que utilizaba como base las interpretaciones de la Teserastra hechas por Pasión de Parma. Al inicio el método fue muy simple: ubicaron hombres y mujeres que tuvieran Linajes Astrales adecuados y, a través de pociones y encantamientos, los hacían procrear, provocando los partos durante la conjunción de la Teserastra. Luego, fue incluso más allá: iniciaron el forjamiento de Linajes Astrales en la Población común, arreglando las parejas según se requiriera para crear nuevos linajes.
La Hazkuntza fue un éxito, ya que logró triplicar la cantidad de azti que existían. Pero, por otro lado, sentó las bases para una sociedad imperial segregada, basada en Linajes Astrales y profundamente controlada por una maquinaria mágica cada vez más eficiente y refinada. Esta Maquinaria era administrada por azti del signo de La Reina y de El Sabio, utilizando los poderes psíquicos de los primeros, y los poderes cognitivos de los segundos. Así, a todo ciudadano del imperio, desde su nacimiento, se le hacían tatuajes mágicos que permitían conectarlos con la Hazkuntza.
La construcción de este sistema fue un cambio absoluto en la vida de los habitantes del continente. Las Élites que lo gobernaban sucumbieron, las formas de vida cambiaron, muchas personas murieron, y aquellos azti que no abrazaron el mensaje Pavadeva, fueron sometidos al burdin-lotura. Sin embargo, para aquellos que, o no tuvieron de otra, o se unieron al Imperio, la vida no fue tan mala, o nada mala. De hecho, la vida mejoró mucho en el continente, al margen del cambio de élites, Pavadeva cumplió en principio con la “promesa” de los azti y usó los poderes para hacer del mundo un lugar mejor (según su visión): Los desastres naturales disminuyeron, las tierras se volvieron más fértiles, la pobreza mermó. Alguno podría decir que se acabó la injusticia, incluso, fuera de la órbita de la expansión imperial, el interior del imperio se volvió estable y próspero, sin una sombra de guerra ni conflicto. Los azti regían, su magia era limitada, sí, pero encausada con propósitos “no egoístas” según establecía la propaganda imperial y todos tenían una función y un objetivo en la sociedad; Pavadeva trajo un nuevo orden.
Dentro de este sistema, uno de los intentos más relevantes fue entender la naturaleza de los azti nacidos en el año de El Pescador. Pocos habían sido los nacidos naturalmente, y poco se escuchaba de ellos, por una razón bien justificada: Al parecer estos azti no tenían poderes; más allá de que un mamu se presentase en su lecho de nacimiento, no había ningún indicio de algún don o habilidad especial. Ápalo de Saén, por ejemplo, teorizó varios posibles poderes, pero ninguno pudo comprobarse: El primero de ellos, fue la posibilidad de estos azti de dominar a los animales del mar, una segunda posibilidad era que fueran capaces de, en analogía con El Agricultor, dominar toda la vida marina, hacer que se reprodujera o creciera. Pero, la más alocada de las hipótesis de Ápalo era que estos azti fueran capaces de establecer especies de “redes” mágicas entre todas las criaturas vivas. Ahora bien, partiendo de esta información, Pavadeva ordenó a la Hazkuntza organizar el nacimiento de un azti bajo este signo, porque,él mismo fue más allá con sus propias hipótesis: Para él, considerando lo que había aprendido del Plano Sideral y los poderes de los nacidos bajo el signo de La Reina, “Los Pescadores” podían tener una injerencia sobre el Plano Sideral, y quizás, podrían ser capaces de “pescar” cúmulos de energía y extraerla.
Así, durante el día de la Teserastra del 2do año del Pescador del Gobierno del Emperador Pavadeva, nacieron de procreadores seleccionados, bajo el cuidado de la Hazkuntza, dos azti: Arrantz y Arrena. Nacieron en la misma habitación, por cuya ventana entraron dos mamu: uno negro como la más cruenta oscuridad (Pasifanor) y otro blanco como la nieve más limpia (Alandanor). Su crianza y educación estuvo a cargo de nodrizas especiales y sus habilidades fueron tratadas como se le trata a un jardín de palacio: cultivadas con sumo detalle y esmero. No mostraron ningún poder especial, nada parecido a las teorías de Ápalo, tan solo eran capaces, y con mucha limitación, de replicar las prácticas universales diseñadas por las Escuelas. Sin embargo, ambos eran sujetos de estudio para determinar cuáles eran los poderes ocultos de los azti nacidos bajo su signo.
Arrantz era de carácter difícil, rebelde desde edad temprana, mostraba más interés por explorar su entorno, por meterse en lo que no estaba a su alcance y por romper las reglas que le imponían. Mientras Arrena, tenía un espíritu más tranquilo, jamás alzaba mucho la voz, siempre obedecía las órdenes que recibía y trataba de cumplir con las expectativas de todos. A pesar de esto, nunca tuvieron diferencias en su desempeño, ni tampoco entre sí. De hecho, se llevaban muy bien: se cuidaban mutuamente, se ayudaban constantemente y eran inseparables; estas virtudes les sirvieron a medida que fueron creciendo.
Arrantz y Arrena sufrieron mucha presión, al ser expuestos a entrenamientos muy cruentos; encantamientos experimentales que, yendo más allá de sus habilidades, sometían sus cuerpos y mentes a sensaciones y malestares terribles; Por suerte, al final de cada jornada, se consolaban. Cuando la adolescencia se presentó, esta relación de cuidado ascendió a un nivel romántico y carnal, la mayor parte del tiempo a escondidas, porque ciertamente las relaciones no establecidas por la Hazkuntza estaban prohibidas. De todos los encantamientos que aprendieron, el más útil fue comunicarse entre ellos telepáticamente, de manera clandestina, evitando el control imperial. Era muy riesgoso, sí, pero les permitía disimular en público su deseo mutuo y sus sentimientos.
Por otro lado, su aprendizaje fue muy profundo y extenso; aprendieron todas las técnicas y encantamientos universales, pero también incursionaron en técnicas exóticas y arcanas. En ninguna se destacaron, ninguna la hicieron con especial diferencia. Fueron llevados de viaje, incluso, hacia el mar, hacia lagos y ríos, los sumergieron en tanques con especies acuáticas, los hicieron aguantar la respiración bajo el agua hasta casi hacerlos morir, pero nada nunca resultó. El Preceptor encargado de los experimentos, llegó a pensar que los azti nacidos bajo el signo de El Pescador, eran seres neutros, se refería a ellos como “los peones” de la magia, pues si bien es cierto no eran especialmente relevantes en ningún tipo de poder, pudiendo considerarse mediocres, una vez dominaban una técnica, eran capaz de manejarla. Esto ocurría con cualquier técnica o encantamiento, todas al mismo nivel, sin excepción.
Descartando uno a uno, tras ensayos, procedimientos finamente diseñados, el Preceptor decidió adentrarse en el campo psíquico. Lo primero que probó fue el argi-gune, en diversas variantes y por tiempo prolongado, tratando de llevar a los azti al Plano Sideral. Las largas exposiciones al argi-gune causaban severas heridas en Arrantz y Arrena, aunque eran curadas rápidamente tras la exposición, el dolor era casi insoportable. Tanto era que debían encadenar a los mamu para que no volaran a separarlos del haz de luz.
Las torturas se fueron profundizando, cada día un poco más enfermizas que el día anterior. Si bien no había rastros de daño físico luego de los encantamientos de curación, el sufrimiento que padecían ambos azti dejaba marcas en ellos, sobre todo, en Arrena, quien comenzó a experimentar pesadillas recurrentes, y despertaba a gritos cada noche. En un principio los sueños versaban sobre ruinas, ciudades devastadas, campos quemados y grandes llanuras llenas de cadáveres arrasados por la tempestad del tiempo. Arrena vagaba por esos parajes, en absoluta soledad, donde solo el sonido del viento entre los relieves era posible percibir, pero siempre al final del sueño entidades sombrías comenzaban a divisarse en la lejanía, acercándose como si se tratara de un ejército. Arrena comenzaba a sentir un miedo indescriptible, que consumía todas sus esperanzas, justo en ese momento que se vaciaba de luz, Arrena despertaba, sudando mares, y en un grito sordo, para solo conseguir consuelo en los brazos de Arrantz.
Cuando las pesadillas se hicieron insoportables, y las bestias oníricas comenzaron a alcanzar a Arrena, algunas veces despedazando su cuerpo, Arrantz se armó de valor y se lo notificó al Preceptor, ya que estas pesadillas solo aparecían cuando Arrena atravesaba los tortuosos procedimientos experimentales. Al principio, el Preceptor se mostró muy dispuesto a atender la situación de Arrena, pidiéndole que describiera sus sueños, uno a uno de ser posible. Incluso, conjuraron un encantamiento que era capaz de extraer de su mente los recuerdos de las ensoñaciones. El Preceptor las con mucho asombro, y les dijo:
-Como han de saber, cualquier cosa que pasa con nosotros tiene una razón de ser. Incluso nuestros sueños están plagados de significados y misterios por ser descubiertos. Trataré de entender lo que me has descrito.
Las torturas desaparecieron, y por varias semanas, Arrena descansó con suma paz, sin exponerse a las terribles pesadillas que le daban caza. Sin embargo, su personalidad y su animosidad cambiaron de manera extraña, y aunque jamás se separaba de Arrantz, su mirada se perdía con recurrencia, otras veces, mientras dormía, algunas lágrimas corrían por su rostro.
Una noche fría, Arrantz se despertó al no encontrar el calor de Arrena entre sus brazos. Miró alrededor de la habitación, solo vio a Pasifanor, que despertaba al igual que él, pero tampoco había rastros de Alandanor.
Leer lo que sigue del cuento escuchando esta canción, para una experiencia completa
-Arrena – musitó Arrantz, para luego buscar con su mente -¿Dónde estás? Mi corazón.
Por un momento no hubo respuesta alguna, pero luego, percibió un grito lejano. No era un grito común, tampoco era acústico, era un grito mental. Luego, Arrantz percibió un poco de dolor, junto a la luz de Arrena, pero se desvaneció, no sin antes indicarle la dirección.
Arrantz se vistió y salió de la habitación, corriendo por lo pasillos de la fortaleza, hacia el jardín principal. La Luna Grande estaba llena, bañando de luces amarillas todo a su alrededor, mientras la Pequeña, estaba oscura, en su novilunio, una sobre otra, y Arrena, sin ropas, en completa desnudez, con sus miembros extendidos, recibiendo la luz y la oscuridad de las Lunas. Pero, a medida que Arrantz se acercó, notó que algo no estaba bien: Primero, Alandanor estaba tirado en el suelo, en una especie de trance agónico, y sus plumas se desprendía una a una. Segundo, cuando estuvo más cerca, notó que las extremidades de Arrena estaban emblanquecidas, y ese tono pálido avanzaba lentamente sobre su piel.
Arrantz se echó a correr en sus últimos pasos hacia Arrena, pero cuando estuvo a punto de tocar su piel, una fuerza indescriptible impidió su paso. Arrantz cayó un par de metros hacia atrás. Tras el asombro, se compuso y observando bien la situación, se dio cuenta que desde los ojos y hacia afuera, un color blancuzco comenzaba a cubrir la cara de Arrena. Entonces, Alandanor soltó un alarido, lleno de un dolor terrible, y se consumió en un fuego púrpura, dejando cenizas blancas sobre el suelo.
Una vez más, Arrantz intentó correr, con lágrimas en sus ojos, porque sabía que la muerte de Alandanor significaba la muerte de Arrena. Pero entonces, desde las sombras apareció el Preceptor, con algunos otros azti, y con un conjuro de piedra, lo atraparon hasta el cuello en una prisión de roca. Pronto, Arrantz comenzó a gritar, clamando por Arrena, e inmediatamente sellaron su boca.
A continuación, Arrantz solo pudo percibir la escena: El Preceptor y el resto de los presentes formaron un círculo alrededor de Arrena, y comenzaron a mover sus brazos, y luego sus piernas, para seguir con su cuerpo entero, en una danza extraña. Entonces, mientras la piel de Arrena palidecía, las cenizas de Alandanor se elevaban en una espiral, y comenzaron a adherirse al cuerpo de Arrena; su cabello se cayó, sus ojos se volvieron color púrpura, su sexo se borró y un grito desesperado salió de su boca, con la misma voz dulce con la que lo llamaba por las noches, para pronto desvanecerse, dando paso a una voz grave y resonante. Arrantz sintió cómo Arrena desaparecía, como un eco que se pierde luego de unos segundos, pero deja la sensación de que alguna vez estuvo allí.
Mientras tanto, la danza de los azti, creó una esfera de luminosidad tenue alrededor de la criatura que había ocupado el lugar en el espacio y en el tiempo dejado por Arrena. Esta intentó defenderse, pero el encantamiento vertido sobre ella era efectivo para contenerla. El Preceptor ordenó al resto llevarse a la criatura, mientras él se quedaba con Arrantz.
- ¿Entiendes que ya no era Arrena? – preguntó El Preceptor, mientras retiraba el sello de la boca de Arrantz.
- ¿Entonces qué era? – preguntó llorando.
- Era un bidutzi. Un ser espiritual antiguo que considerábamos como una leyenda, morador de un reino caído, más allá de nuestra realidad.
- ¿Pero cómo es eso posible? – preguntó Arrantz confundido, con una vorágine de emociones que comenzaban a apelmazarse en su interior.
- Verás, siempre pensé que los de tu tipo, los nacidos bajo El Pescador, no tenía nada especial, que eran un eslabón débil y simple de nuestra existencia en este mundo. No teníamos evidencia ninguna, ni registros de que alguna vez un “Pescador” haya hecho algo notable o diferente. Ni una sola leyenda. Pero, recientemente encontramos algunos registros interesantes en las profundidades de Lurgorria. Estos registros hablaban de los bidutzi, y de su existencia incluso antes de que El Gran Descenso, cuando las estrellas cayeron a la tierra y los Señores del Cielo nos otorgaron sus bendiciones.
- No entiendo – musitó Arrantz - ¿Qué tiene que ver eso con mi Arrena?
- Los bidutzi, desaparecieron con la llegada de nuestro tipo a este mundo. Pero no con los primeros, ni con los segundos. No, desaparecieron cuando los primeros Pescadores nacieron. Y esto me pareció curioso porque no tenía ningún tipo de sentido ¿Qué tenían que ver los Pescadores con todo esto? Nada de esto estuvo claro, hasta que descubrí algo muy interesante: Arrena y tú se comunicaban en secreto. Al principio pensé que eran muy astutos ustedes, al haber encontrado canales psíquicos fuera del alcance de las mentes de la Hazkuntza. Traté de entenderlo, porque sabía que era una herramienta que cualquier otro podía usar. Sin embargo, pronto me di cuenta que la comunicación entre ustedes no era psíquica, ni siquiera energética. No pasaba por el plano sideral. Ustedes se estaban comunicando a través de otro lugar. Y fue entonces cuando lo supe rápidamente: ¡Existía un Plano Espiritual! Siempre habíamos pensado que el mundo solo existía en dos planos: El Terrenal y el Sideral, pero resulta que estábamos viendo solo una parte del asunto…
Arrantz estaba en absoluto silencio, procesando la información que estaba escuchando, entendiendo lo que había pasado y entendiéndose así mismo.
- Por eso – continuó el preceptor – estábamos limitados. Pero, ese canal de comunicación que ustedes crearon fue la clave de todo. Pronto me di cuenta que tenía que forzar la entrada al Plano Espiritual, y entonces, primero pensé que la mejor opción era forzarlos a límites impensados, llevarlos al borde de la muerte. Como puedes ver, no dio un resultado inmediato. Pero la combinación de estas Experiencias Cercanas a la Muerte, y la resistencia que desarrollaron con todos estos experimentos, hizo que al menos Arrena, se conectara con el Plano Espiritual en sus sueños- miró con algo de placer a Arrantz – y de no ser por que tú viniste a mí, no me habría dado cuenta de lo que estaba ocurriendo. Así que comencé a trabajar en Arrena durante sus sueños, ya no más físicamente, porque eso consumía mucho tiempo y energía, sino a través de su descanso.
- ¿Pero por qué lo hizo con Arrena y no conmigo? – gritó Arrantz.
- Porque tú eras el ancla en su viaje a ese Plano- respondió el Preceptor - ¿No lo ves? El Amor y la Devoción que Arrena sentía por ti, era lo que le permitía entrar y salir de ese mundo, era la luz que lo mantenía en este mundo.
- Pero no entiendo – dijo Arrantz – nunca hice nada, lo único que hacía era interrumpir sus sueños.
- No era solo eso, Arrantz- aclaró el Preceptor - ¡Eras tú! Tú eras quien sacaba a Arrena del Plano Espiritual. Aún no entiendo cómo pasa, deberé seguir experimentando. Pero, Arrena lograba entrar mientras tú podías sacarlo. Tú eres la clave para entender ese poder. Y lo que más me maravilla, es que el mundo espiritual tiene muchísima más energía que el mundo sideral. Y ustedes, los Pescadores, tienen la habilidad natural de entrar y salir de él como si nada, hasta de extraer energía de él. Por eso puede conjurar todos los encantamientos de la misma manera. El Emperador estará muy feliz por este hallazgo – el tono cambió súbitamente - Pero comprenderás que, por el bien de todos, eres tú con quien debemos seguir experimentando.
- Lo entiendo- respondió Arrantz con un nudo en la garganta -Una última pregunta: ¿Arrena ha muerto?
- ¡Muy bien! - aplaudió – Respecto a tu pregunta, entendería que no. El Bidutzi se materializó en el cuerpo físico de Arrena y Alandanor, por ende, el cuerpo espiritual de Arrena debe encontrarse en el Plano Espiritual, mientras el su parte Sideral, es decir, Alandanor, debe encontrar en el Plano Sideral. Básicamente, el Bidutzi, canaliza su entrada a este mundo, separando ambos cuerpos. En teoría, Arrena podría vivir de nuevo, volver a nosotros, pero tendríamos que encontrar la manera de viajar a ambos planos, simultáneamente y juntarlos. Por eso te necesitamos ¿Lo entiendes?
- Sí, lo entiendo – Arrantz respondió con un vacío en el estómago.
Pero entonces, escuchó la voz de Pasifanor en su cabeza:
- Te mostraré el camino, tú solo puedes hacerlo. Solo piensa en él, Arrantz. Piensa en él.
Arrantz pensó en su dulce voz, en su sonrisa, en sus caricias y en sus juegos, cerró los ojos, y entonces sintió cómo su cuerpo se calentaba. Las rocas que los aprisionabas a Arrantza y a Pasifanor, se fundieron y ambos se quemaron en una flama púrpura que cristalizó sus cuerpos, uniéndolos en un solo ser de cristal, ante los ojos del Preceptor. Entonces, Arrantza se transportó a través de una densa niebla y pronto estuvo en un valle desolado, oscuro y tenebroso, junto a Pasifanor.
-Aquí estamos – dijo Pasifanor – ahora dependerá de ti encontrarlo.
Pasifanor se arrancó una pluma y creó un collar, entregándoselo a Arrantz.
-En este Plano no puedo más que existir como una proyección Astral- Explicó Pasifanor -. Esta pluma te mantendrá conectado a mí, mientras yo, en el mundo Sideral, buscaré a Alandanor. Tu cuerpo físico ahora está seguro, nada podrán hacerle. Pero aquí, aunque no pueden hacerte daño, pueden atrapar tu Espíritu para acceder al mundo físico. Ten cuidado.
Arrantz en el Plano Espiritual
Pasifanor desapareció como una luz que se desvanece y allí quedó Arrantz, en un mundo desierto y solitario, donde no había ni un alma viva. Pero con la plena convicción de que encontraría a su amor, en algún lugar, de algún modo.




El toque de la música fue genial y creo iba a mi ritmo de lectura, o mi lectura iba al ritmo de la música?🤔 Very nice!
ResponderEliminarSeguro que fue tu ritmo de lectura a la par con la música. Escribí toda esa sección con esa pieza musical y de verdad sentí que debía leerse con ella.
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